Gimeno Alonso, Clemente

Clemente Gimeno Alonso

Sacerdote (1916-1995)

Nacimiento: La Muela (Zaragoza), 21 de noviembre de 1916
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1947
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 29 de junio de 1956
Defunción: Martí-Codolar, 6 de febrero de 1995

Nació el 21 de noviembre de 1916 en La Muela (Zaragoza). Sus padres, Pedro y Rudesinda, entregaron a Dios a tres de sus seis hijos: a dos religiosas de Santa Ana y a Clemente.

De muchacho tuvo que alternar la escuela con las faenas del campo y aprendió a cantar sus famosas jotas. Fue también presidente de la Acción Católica y de la Adoración Nocturna de su pueblo. Se enroló voluntario en la Guerra Civil española, sirviendo como asistente del capellán castrense.

Conoció a los salesianos de Zaragoza y a los 26 años marchó a El Campello como aspirante (1942-1943), donde hubo de dedicarse con tenacidad al estudio del latín y las humanidades. En 1946 inicia el noviciado en Sant Vicenç dels Horts y lo culmina con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1947. Hace los estudios de filosofía en Gerona y pasa el trienio en Valencia-San Juan Bosco (1949-1952). Estudia teología en Martí-Codolar y es ordenado sacerdote en el Tibidabo, el 29 de junio de 1956, con casi 40 años.

Fue sembrando sencillez y bondad por los diferentes colegios donde ejerció su apostolado salesiano: El Campello, Badalona, Ripoll y Rocafort, donde permaneció 15 años como catequista, profesor, administrador y responsable del santuario de María Auxiliadora y San José. El 2 de marzo de 1976 llegaba a Monzón, donde permaneció hasta que, debido a un derrame cerebral, fue trasladado a la residencia de Martí-Codolar (1976-1995). Murió en la Clínica del Pilar de Barcelona, el 6 de febrero de 1995.

Durante los 19 años que permaneció en Monzón dejó múltiples ejemplos de su preocupación, devoción y entrega: las asistencias a los alumnos, el servicio parroquial, la catequesis, las confesiones, primeras comuniones, visitas a los enfermos y la atención a las ADMA (con sus visitas continuas a Lourdes, sus reuniones, encuentros regionales…).

Clemente era un hombre de Dios, cercano y amable con los niños y jóvenes. Tras él dejaba siempre un reguero de cercanía y de bondad. Conservó siempre un talante de generosidad sacrificada y humilde; procuraba pasar inadvertido en la comunidad. Sumamente austero, se contentaba con poco; todo lo que le regalaban era para los demás. Todos le querían. Clemente era amante de su tierra aragonesa. Y, como buen mañico y excelente jotero, en el canto de la jota vertía su amor a la tierra y a la Pilarica.