Ramón Gironés Suñé
Sacerdote (1898-1974)
Nacimiento: La Fatarella (Tarragona), 3 de agosto de 1898
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1923
Ordenación sacerdotal: Ávila, 24 de septiembre de 1932
Defunción: Barcelona, 28 de enero de 1974
Nació el 3 de agosto de 1898, en Fatarella (Tarragona). A sus 24 años inició el noviciado en Carabanchel Alto, culminándolo con la profesión religiosa el 25 de julio de 1923. Hizo en Carabanchel los estudios de filosofía (1923-1925) y teología (1928-1932), dando clase a los muchachos, como se estilaba entonces. Se ordenó sacerdote en Ávila, el 24 de septiembre de 1932.
Trabajó los primeros años, generalmente como consejero, en Béjar (1934-1939), Tibidabo (1939-1940), Huesca (1940-1946), Valencia-San Antonio (1946-1951), Pamplona (1951-1952), Sarrià (1952-1962), Huesca de nuevo (1962-1963) y finalmente en la parroquia de las Navas y La Meridiana (1963-1974), donde murió el 28 de enero de 1974.
Por encima de su hablar a trompicones, su nerviosismo, sus simpatías y antipatías, sus caprichos y rabietas de niño grande, había una gran fidelidad a su tarea educativa, a la cual sirvió siempre con un corazón de oro, un corazón hecho bondad. Cuando perdía un trocito de aquella costra primaria y brillaba él, el hombre, el maestro, el sacerdote, el salesiano, era encantador.
Quería a sus alumnos, vivía para ellos, y, a pesar de sus difíciles explicaciones y sus terribles exigencias en el cumplimiento del deber, se ganaba fácilmente su aplauso y su gratitud.
Pero en sus años de escuela debió sufrir mucho; le faltaban muchas condiciones físicas y psíquicas. Con el paso de los años los superiores le hallaron su sitio: las secretarías y el apostolado sacerdotal; tenía mucha paciencia y buena letra para aguantar largas horas de oficina.
Por su bondad, nobleza, sencillez, buen consejo y asiduidad, se convirtió en apóstol del sacramento de la reconciliación y dedicaba horas y horas a este ministerio. Dios le había dado además humildad de servicio y caridad fervorosa para atender a los fieles.
Pasó los últimos años de su vida dedicado a rezar, a escuchar las debilidades humanas de sus penitentes, a atender a los enfermos, a convivir con los ancianos en el centro anejo a la parroquia y a soportar los achaques de la vejez.
Murió en Barcelona el 28 de enero de 1974, a los 75 años de edad.