Gómez Fuentes, Manuel

Manuel Gómez Fuentes

Coadjutor (1898-1969)

Nacimiento: La Alameda (Málaga), 11 de enero de 1898
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1920
Defunción: Trinidad, 3 de septiembre de 1969

Nació en el pueblecito malagueño de La Alameda, hijo de una familia profundamente cristiana. En 1916 ingresa en las escuelas de la Santísima Trinidad de Sevilla, donde brotó su vocación. En 1919 inicia en San José del Valle el noviciado, que culminó el 10 de septiembre de 1920 con la profesión religiosa temporal.

Era cocinero de la comunidad, oficio en el que con el tiempo llegó a ser consumado maestro. Tras las prácticas en la casa de Cádiz (1920-1922), le vemos enrolado en una expedición misionera a tierras australianas. Recaló primero en Kimberley (1922-1925) y después fue destinado a Macao-China (1925-1926).

Su precaria salud aconsejó su repatriación. Lo recibe Sevilla, donde, excepción hecha del trienio cordobés 1960-1963, permanecerá hasta su muerte, alternando entre la casa de la Santísima Trinidad (1926-1944, 1965-1969) y la de Triana (1944-1950, 1953-1965), ejerciendo siempre los más modestos oficios, con una alegría que transparentaba su rostro de niño inocente.

Durante muchos años fue sacristán de la iglesia y su apelativo, «Manolito el sacristán», nos da una idea de lo que fue en su trabajo: siempre afable, sonriente, amigo y cercano a todos.

Amaba entrañablemente a la Congregación. La devoción a María Auxiliadora era de un afecto filial casi ingenuo, como lo indica la anécdota de su envío a las misiones de Australia, en contra de su deseo de ir a América. Cuentan que, apenas llegado a Turín, don Manolito se presentó a don Pedro Ricaldone, quien, al verlo tan descorazonado, lo envió al santuario a rezar a María Auxiliadora. Volvió a don Ricaldone diciendo: «Don Pedro, la Virgen me ha dicho que no vaya a Australia». Y don Ricaldone, mirándolo con cariño, le respondió: «Manolito, pues a mí me ha dicho que sí». Y obediente marchó a Kimberley.

En los últimos años el corazón le jugaba malas pasadas. El 3 de septiembre de 1969, a media mañana, sintiéndose con molestias circulatorias, avisó al médico y se metió en cama. Un cuarto de hora después, cuando el doctor entró en su habitación, lo encontró muerto. Infarto fulminante de corazón. Sin molestar a nadie, silenciosamente, como había vivido, se fue de la vida el querido don Manolito a la edad de 71 años.