Sixto González Sáez
Coadjutor (1937-1996)
Nacimiento: San Pascual (Ávila), 28 de marzo de 1937
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1964
Defunción: Martí-Codolar, 8 de abril de 1996
Nació el 28 de marzo de 1937 en la aldea de San Pascual (Ávila), de una familia labradora profundamente cristiana.
Cursados los estudios elementales, se dedicó a las labores del campo junto a sus padres, hasta el servicio militar. Marchó después a Madrid junto a un hermano que regentaba un bar. Allí entabló relación con algunos profesores salesianos. Sintiendo la llamada del Señor y aconsejado por un sacerdote, marchó al colegio de Sarrià. Tras nueve meses de reflexión, en abril de 1962, con 25 años, pidió ingresar como aspirante salesiano. Así opinaron sus formadores:
«Joven de prudente reserva, inmejorable, muy ejemplar, trabajador, cumplidor».
Hizo el noviciado en L’Arboç, donde don Juan Antal, catequista general de la Congregación, le impuso la Medalla de coadjutor. Su padre maestro opinó sobre él: «Llegó con 26 años al noviciado. Le recuerdo humilde, servicial, generoso, siempre con ganas de complacer y piadoso».
Terminado el noviciado, regresó al Sarrià, donde terminó la oficialía de impresor. Deseoso de ser útil, a lo largo de su vida, y en su tiempo libre, obtuvo diplomas académicos de Cálculo Mercantil, Prácticas de oficina y administración de colegios, Mecánica del automóvil, Auxiliar de Clínica…
Sus 30 años de vida salesiana fueron un continuo servicio a las comunidades de Sant Àngel de Sarrià, Sentmenat, casa inspectorial, Martí-Codolar, residencia juvenil de Mataró y dos años en la casa de Madrid-Alcalá, respondiendo en todos los servicios que le encomendaron. Su vida fue un servicio callado y amable a todos, hasta el día en que la enfermedad le obligó a un forzado descanso. Y entonces procuró no dar trabajo a los demás ni molestar a nadie.
Su salud empezó a resentirse en los últimos años de su vida. Fue entonces atendido en el Hospital Clínico de Barcelona y finalmente en nuestra residencia de Martí-Codolar, donde falleció rodeado del cariño y atenciones de enfermeras, de salesianos y salesianas, después de recibir la extremaunción de manos del director de la casa. El funeral se celebró en el santuario de María Auxiliadora de Sarrià, presidido por el señor inspector, don Antonio Doménech, al que acompañaron más de 50 concelebrantes, sus cuatro hermanos, familiares y un grupo notable de la Familia Salesiana.
De cualidades sencillas, humilde, tímido y reservado, disfrutaba viendo contentos a los hermanos y sufría a veces porque, dadas sus limitaciones, creía no ser lo suficientemente útil a la comunidad.
Su último director destacaba, además, estos rasgos de su personalidad: «Fue un hermano disponible y servicial, amable y delicado, agradecido, piadoso, cumplidor escrupuloso en los actos de piedad y en la pobreza, obediente a los superiores y amante de su vocación salesiana». El «ama nesciri et pro nihilo reputari» del Kempis parecía haber sido el lema de su vida salesiana.