Gota Ibáñez, Antonio

Antonio Gota Ibáñez

Coadjutor (1897-1986)

Nacimiento: Zaragoza, 4 de mayo de 1897
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1917
Defunción: Martí-Codolar, 14 de noviembre de 1986

Nació el 4 de mayo de 1897, en Zaragoza; a los 8 años quedó huérfano de padre y madre, y se crió con su tía Manuela, dueña del balneario de Panticosa. Por amistad con una hija de doña Dorotea de Chopitea, Antonio y su hermano José entraron internos en Sarrià.

Allí Antonio hizo los estudios elementales y aprendió el oficio de encuadernador y dorador; además se adiestró en gimnasia, música y teatro. En 1916 empieza el aspirantado y al año siguiente, en Carabanchel Alto el noviciado, que culmina con la profesión religiosa como coadjutor, allí mismo (1917).

En seguida es llamado a quintas, que realiza en sanidad militar de Madrid (1918-1921) y luego es destinado a Atocha (1924) al frente del taller de encuadernación recién fundado. Tras un curso en Valencia, hace en Turín los votos perpetuos y marcha a la inspectoría del norte de la India (1925-1931).

Vuelve a España y es destinado a Sarrià (1931-1936). Durante la Guerra Civil española, está unos meses en la cárcel y, después de mil peripecias, logra pasar a la zona nacional. Es destinado a Vigo (1937-1938) y Huesca (1938-1939).

Tras la guerra, es destinado a Sarrià, donde trascurrirá una larga etapa de su vida, alternando el taller con el teatro (1939-1960), con un año de paréntesis en las catacumbas de San Calixto en Roma (1950).

Finalmente trabajó en Martí-Codolar (1960-1986) como portero y recadero; allí trabó amistad con muchos estudiantes por su talante servicial y simpático. Hasta que se fue quedando ciego y ya no pudo pasear por los jardines y los lagos, ni relacionarse con los muchachos del oratorio o los vecinos, ni ir a la ciudad. Esto fue para él un duro golpe, pero nunca perdió su genio y el buen humor.

Murió el 14 de noviembre de 1986.

Fue un gran trabajador, amante de su oficio, al que dedicó lo mejor de sí durante toda su vida. Era ordenado, fiel y responsable en lo que se le encargaba, muy amante de todo lo salesiano, que defendía con todas sus fuerzas.

El teatro fue su segunda profesión. Sabía de memoria poesías, zarzuelas y libretos enteros de la Galería Salesiana. Tenía el corazón joven; le gustaba hablar con los chicos del oratorio y entretenerse con todo el mundo contando sus aventuras con un poco de teatro, que era su fuerte.

A pesar de su genio fuerte, tenía un gran corazón y ocultaba un gran cariño a los hermanos y a los muchachos; y se hacía querer. En su cuarto de enfermería se pasaba muchas horas recitando poesías y cantando zarzuelas y jotas.

Vivió una espiritualidad sencilla y popular. Era muy devoto de la Virgen del Pilar.