Benjamín Juaristi Badiola
Sacerdote (1929-1990)
Nacimiento: Azkoitia, 10 de abril de 1929
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1945
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 27 de junio de 1954
Defunción: Roma, 15 de mayo de 1990
Nació el 10 de abril de 1929 en Azkoitia (Guipúzcoa). Su cristianísima familia entregó al Señor tres de sus 11 hijos: Benjamín, salesiano, Lourdes y Arantxa, Hijas de María Auxiliadora.
Fue alumno del colegio salesiano de Floreaga (Azkoitia), recién inaugurado, y a los 11 años encaminó sus pasos a los aspirantados, primero de Huesca y luego de El Campello.
El noviciado lo hizo en Sant Vicenç dels Horts, donde profesó el 16 de agosto de 1945. Pasó luego a Gerona para realizar los estudios filosóficos. Mientras hacía el trienio práctico en Valencia-Calle Sagunto, cayó tan gravemente enfermo que sus padres se trasladaron desde Azkoitia para despedirse de él en vida. Pero se acogió a la intercesión de don Felipe Rinaldi y se produjo la curación. Por eso siempre se sintió muy unido al tercer sucesor de Don Bosco.
Después de Valencia, marchó a Martí-Codolar para estudiar los cuatro años de teología, que culminaron con la ordenación sacerdotal en el Tibidabo el 27 de junio de 1954.
Su labor sacerdotal estuvo prácticamente siempre unida a la formación de aspirantes, novicios y jóvenes salesianos.
Primero en el aspirantado de Gerona, como catequista; a continuación fue enviado a fundar el aspirantado de Cabezo de Torres; siguieron después las casas de formación de Ibi y El Campello. En Godelleta se le encomendó la formación de novicios en una época compleja (1966-1969), pero supo abrirse a los nuevos aires de la Iglesia y de la Congregación. Después de unos años como director de Alcoy-Juan XXIII (1983-1985), fue destinado a dirigir la casa de la Familia Salesiana de Alicante, que acogía también a los prenovicios.
Su salud era ya delicada, pero se animó a peregrinar a Roma para la beatificación de su querido don Rinaldi. Y precisamente esa mañana del día 15 de mayo de 1990, cuando se preparaba para asistir a la solemne ceremonia en el Vaticano, sufrió un ataque cerebral que acabó con su vida en la ciudad de Roma. Tenía 61 años. Su cadáver fue trasladado a la ciudad de Alicante, donde recibió un sentido homenaje de despedida.
Benjamín fue un hombre de Dios. Cuando su hermana Arantxa iba a recibir el hábito, Benjamín le escribió unas palabras que reflejan el sentido que él daba a su vida: «Recuerda, Arantxa, que ya no te perteneces… y piensa qué fácil te pone el Señor la santidad si te entregas plenamente a Él, en este camino que estás iniciando».
Fue un salesiano que respetó y amó a todos, ayudando a cuantos pudo de manera cordial. Le gustaba ponderar, alabar y hasta sobrevalorar cualidades y actuaciones de los demás. En cuantos le conocieron y trataron dejó un recuerdo imborrable de hombre bueno, muy bueno en el pleno sentido de la palabra, de una bondad cautivadora.
Monseñor Pablo Barrachina, obispo de Alicante, escribió, al recibir la noticia de su defunción: «Solo por un salesiano como este, merece la pena una institución como la Familia Salesiana de san Juan Bosco».