Agustín Liaño Ricalde
Sacerdote (1891-1934)
Nacimiento: San Román de la Llanilla (Santander), 25 de enero de 1891
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 29 de julio de 1913
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 11 de septiembre de 1921
Defunción: Vigo, 23 de septiembre de 1934
Don Agustín nació en San Román de la Llanilla, pueblecito en el extrarradio de Santander, el día 25 de enero de 1891. A los 8 años, comenzó a frecuentar las clases elementales del colegio salesiano de la calle Viñas en dicha capital. Allí, desde el primer momento, dio muestras de una piedad candorosa y de unos modales exquisitos.
Al terminar las clases elementales, pidió ser admitido como aspirante a la vida salesiana. Es enviado al seminario de Carabanchel Alto, donde estudió los cursos de latinidad y formación humanística. En la misma casa realizó el noviciado y la profesión religiosa (29 de julio de 1913).
Continúa su formación en la casa de El Campello (1913-1915). Hace el trienio práctico en la casa de Carabanchel Alto y los estudios de teología en Salamanca, donde es ordenado sacerdote el día 11 de septiembre de 1921. Allí mismo estrena su sacerdocio desempeñando el cargo de consejero de estudios durante dos años. En 1923, lo encontramos de personal en su antiguo colegio de la calle Viñas de Santander.
En 1925 es nombrado director de Astudillo, donde permanece hasta que los aspirantes son enviados al colegio del Paseo de Extremadura de Madrid, y termina allí su mandato, en 1931.
Su entrega constante y hasta escrupulosa preocupación por la perseverancia de los aspirantes le produjeron trastornos en su salud y tuvo que resignarse a un descanso absoluto en la casa de Orense, durante un año.
Recuperadas un tanto las fuerzas, fue destinado al colegio de San Matías de Vigo, en 1932, como consejero. En la crónica del colegio se relata, día a día, el proceso de su enfermedad desde el 19 de septiembre en que don Agustín se siente indispuesto y guarda cama aquejado de una infección intestinal, hasta su fallecimiento, el día 23 de septiembre de 1934, después de haber recibido la unción de los enfermos.
Fue modelo de observancia religiosa, de laboriosidad, de celo apostólico en la formación espiritual de sus alumnos. En el desempeño de los cargos que hubo de asumir como maestro y asistente y más tarde como consejero y director, se distinguió por el trabajo y sentido de responsabilidad.
Don Agustín Liaño hizo programa y bandera de su actuación religiosa y sacerdotal el Amor de Dios, con una respuesta generosa y sacrificada.