Juan Martínez Cabello
Sacerdote (1941-2018)
Nacimiento: Navianos de la Vega (León), 18 de noviembre de 1941
Profesión religiosa: Mohernando (Guadalajara), 16 de agosto de 1958
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 30 de marzo de 1968
Defunción: Vigo (Pontevedra), 27 de enero de 2018
Nació Juanito, así fue siempre llamado por todos, en el pueblo leonés de Navianos de la Vega el día 18 de noviembre de 1941. Sus padres fueron Sergio Martínez y Hortensia Cabello.
Fruto de las campañas vocacionales que algunos salesianos llevaban a cabo por la provincia de León, en 1953 entró en el aspirantado de Astudillo. Pasó allí el primer año y los tres restantes los cursó en Arévalo. En 1957 marchó al noviciado de Mohernando e hizo su profesión religiosa el 16 de agosto de 1958. Los dos años de estudios filosóficos los cursó en Guadalajara. Tenía buena voz y le gustaba la música y, aunque no hizo cursos en el conservatorio, aprendió a tocar varios instrumentos. El trienio lo realizó en Galicia: un año en Vigo-San Roque y dos en La Coruña-Calvo Sotelo. Esto le dejó una huella profunda en su corazón, que lo afianzó en su amor por los más pobres y necesitados. Hizo teología en Salamanca en los años 1964 a 1968. Allí fue ordenado sacerdote el 30 de marzo de 1968.
Su primer destino como sacerdote fue la casa de Allariz, donde había un grupo de aspirantes, en función de consejero y de profesor de música. Solo un año en Allariz y los superiores lo destinaron como asistente de novicios en Astudillo. Estuvo en este cargo tres años y cuantos pasaron por el noviciado en esos años lo recuerdan como una persona atenta, cordial, muy trabajadora y entregada a su labor formativa. Allí fundó un coro y una rondalla, que todavía hoy, cuando ya no hay salesianos en Astudillo, continúa funcionando en el pueblo. Fue destinado al colegio de Huérfanos de Ferroviarios de Madrid, para que allí pudiera especializarse en pastoral.
Al terminar su licenciatura en pastoral en el año 1974 quiso ir a las misiones. Pero como el obispo de Essen (Alemania) deseaba que un salesiano fuera a hacerse cargo de la pastoral juvenil de la diócesis, fue destinado precisamente a esa misión. Y allí pasó 43 años de su vida, encargado como párroco de los emigrantes en la ciudad de Bochum.
El curso 1990-1991, enfermo de estómago, vino a España para operarse. Tuvo la suerte de que un nuevo medicamento lo curó sin necesidad de operación. Aprovechó el año para ir a la UPS de Roma a perfeccionarse en pastoral juvenil. Volvió a Alemania con nueva salud y con nuevas ideas, pero también con nuevas responsabilidades, pues a la misión española de Bochum se le unió la de Gelsenkirchen, dos misiones muy numerosas y muy activas. Juan fue un buen párroco para los españoles residentes en esas dos ciudades, cuidando bien la liturgia de los domingos y fiestas así como la preparación de los sacramentos: primeras comuniones, confirmaciones, bodas, etc., que suponían para los emigrantes españoles momentos de amigable encuentro y de agradables recuerdos de la patria lejana. Supo rodearse de un buen número de eficaces colaboradores, que le ayudaban en las diversas tareas; la catequesis, las clases de música, que tenía todos los sábados y que llenaban todas las aulas de la no pequeña misión con un gran número de niños, niñas y adolescentes; con los mayores fundó la tuna, que con bonitas canciones y sus elegantes trajes se hizo famosa en todo el contorno y era invitada a animar fiestas y reuniones, incluso de los alemanes. Formó también equipos en diversos deportes, que competían con los equipos de la ciudad. No descuidaba las reuniones formativas y durante el año concentraba a grupos de jóvenes que pasaban fines de semana en los lugares de retiro, que para ello tenía la diócesis de Essen.
Vuelto a España, fue destinado a Vigo-María Auxiliadora. Venía con buena salud, lleno de entusiasmo y con muchos proyectos; entre otros el reunir de vez en cuando a tantos españoles que habían sido sus parroquianos. Desgraciadamente se le presentó de repente una angina de pecho que lo llevó a la muerte. Descansa en el cementerio de Vigo, cerrando así un largo y fecundo ciclo de labor apostólica que comenzó en Vigo y terminó precisamente allí.