Jesús Mata Cosgaya
Coadjutor (1960-2001)
Nacimiento: Recueva de la Peña (Palencia), 10 de octubre de 1960
Profesión religiosa: Logroño, 19 de julio de 1981
Defunción: Logroño, 11 de agosto de 2001
Nació en un pequeño pueblo palentino, Recueva de la Peña, aunque sus padres tuvieron que marchar a Derio (Vizcaya). Animado por el ambiente familiar, en que todo lo salesiano estaba muy presente (un tío materno era salesiano), ingresó en el noviciado de Logroño, donde profesó el 19 de julio de 1981, como salesiano coadjutor.
Desarrolló su trabajo en varias casas de la inspectoría. En Urnieta (Guipúzcoa) estuvo en dos ocasiones distintas. En un primer momento como profesor, en el taller de electricidad. En aquella época Jesús se desplazaba al pueblo de Alegría (Guipúzcoa), donde daba catequesis y donde supo conectar con los jóvenes. De aquellos años conservaba un recuerdo especial. Volvió a Urnieta, de nuevo, para atender a los grupos que acudían a la casa de ejercicios espirituales, en Pake Leku. Los colegios salesianos de Cruces-Barakaldo y Los Boscos de Logroño contaron también con su dedicación minuciosa como profesor y como salesiano entregado a los jóvenes.
Los dos últimos años los pasó en la casa de Logroño-Santo Domingo Savio, donde Jesús se ocupaba de mantener limpios y bien presentados los jardines de la casa. Vivía esta tarea como un servicio que hacía a la comunidad educativa, sintiéndose parte activa en la buena marcha de todas las actividades y prestándose de buena gana para todo aquello en lo que él pudiera ayudar. Su relación con los alumnos era fácil y cercana, aportando siempre serenidad.
Jesús era muy aficionado al ciclismo. Disfrutaba cuando hacía pequeñas salidas con algunos jóvenes.
Aquel sábado, 11 de agosto, día muy caluroso en La Rioja, salió Jesús por la tarde hacia el Castillo de Clavijo. Llegó a la cima desde la cual se contempla un bello paisaje, dejó la bici y ascendió unos metros más. Aquel lugar es peligroso. Allí encontró la muerte y creemos que la vida con el Señor Resucitado. Tenía 40 años de edad.
Presidió su funeral el padre inspector, don Ignacio María Lete. Las ofrendas presentadas en el ofertorio simbolizaron los rasgos y valores del hermano que se nos había ido de forma tan inesperada: los libros y los folletos de tecnología, una libreta pulcramente presentada con las direcciones de familiares y amigos, un bello ramo de flores cortadas de los jardines del colegio que cuidaba con tanto esmero, el rosario que llevaba en la mochila en el momento de su muerte y que nos hizo recordar los largos ratos que en los últimos años pasaba en la capilla, en oración y diálogo con el Señor.
En un ambiente de profunda y serena emoción, se le dio cristiana sepultura en el cementerio de su pueblo natal.