Morán González, Antonio

Antonio Morán González

Coadjutor (1906-2004)

Nacimiento: Layoso (Orense), 23 de abril de 1906
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de julio de 1935
Defunción: Arévalo, 23 de agosto de 2004

Nació Antonio en Layoso, provincia de Orense, el día 23 de abril de 1906. Layoso es un pueblecito que se asienta, humilde y medroso, en un paisaje de serena belleza, rodeado de ensueño y de leyenda. Está situado entre Allariz y Ginzo de Limia. La familia de Antonio era humilde, pero rica de fe y de valores cristianos. Sus padres fueron Francisco y Encarnación. Eran labradores con hacienda corta y familia numerosa. Tuvieron cinco hijos y una hija. De ellos, cuatro se hicieron salesianos: Antonio, coadjutor; Celso José y Jesús, sacerdotes. La hija profesó como religiosa clarisa.

Hizo el servicio militar en la ciudad de Pontevedra y en el año 1934 decidió marchar a Mohernando. Allí emitió sus primeros votos el 16 de julio de 1935. Dispersos los salesianos, durante la Guerra Civil se le encuentra en Madrid como soldado y haciendo la guardia o vigilando las cloacas o desagües de la capital.

Terminada la guerra, pasó algunos meses en Carabanchel Alto y de allí fue enviado a Salamanca para que recuperara un poco su quebrantada salud. En el año 1942 fue destinado al colegio de Atocha como despensero y, más tarde, como enfermero y encargado de la ropería.

En 1954 pasó a Arévalo con el cargo de enfermero de los aspirantes. Estuvo también algunos años en el teologado de Salamanca. Y de nuevo regresó a Arévalo, pero como enfermo y con una salud muy maltrecha. Allí permaneció hasta su muerte el 23 de agosto de 2004.

El señor Antonio Morán fue hombre callado y de gran piedad, siempre dispuesto a sacrificarse por los demás. Muy devoto de María Auxiliadora, se le veía siempre con el rosario en la mano, rezando, decía, por todos los salesianos y las vocaciones.

Fue proverbial su devoción al Sagrado Corazón. Gracias a su empeño y a la donación de una venta de fincas heredadas de sus padres, se erigió el altar lateral de la iglesia de Arévalo al Sagrado Corazón.

Un detalle de la seriedad y austeridad con la que adornó su vocación salesiana fue que vistió siempre de negro, como aconsejaban los antiguos Reglamentos para los coadjutores, y tal como estudió en el noviciado.