Moreno Luna, Gabriel

Gabriel Moreno Luna

Sacerdote (1888-1965)

Nacimiento: Lucena (Córdoba), 18 de marzo de 1888
Profesión religiosa: Sevilla-Trinidad, 26 de noviembre de 1908
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 18 de septiembre de 1915
Defunción: Campano (Cádiz), 18 de diciembre de 1965

Nacido en la villa cordobesa de Lucena, Gabriel tuvo su primer contacto con el ambiente salesiano en el colegio de Utrera, donde ingresó a los 12 años. Allí, al mismo tiempo que estudiaba humanidades, sintió despertarse la llamada del Señor y la secundó haciendo el aspirantado. El 19 de octubre de 1907 ingresa en la casa de la Trinidad-Sevilla como novicio y profesa el 26 de noviembre de 1908. De inmediato inicia los estudios de filosofía, que continúa en San José del Valle. Pasa a Utrera para las prácticas pedagógicas, que alterna con el estudio de teología, y recibe la ordenación sacerdotal en Sevilla el 18 de septiembre de 1915.

En Utrera estrena su ministerio sacerdotal y a los cuatro años es trasladado a Ronda-Sagrado Corazón por otros cuatro, como consejero y catequista, cargos que ejerce durante un curso en San José del Valle y durante dos en Utrera.

Ronda lo llama de nuevo para dirigir las escuelas de Santa Teresa y de allí vuelve a San José del Valle, donde desempeña los cargos de consejero, catequista y de prefecto-administrador.

En 1938 es destinado a fundar la escuela agrícola de Campano, y en ella permaneció el resto de su vida desempeñando los cargos de prefecto y catequista y, cuando ya su edad no daba para tanta brega, se quedó de confesor.

Fue un hombre sencillo, bueno y de buen humor, que amenizaba los actos de comunidad con las sencillas poesías que le dictaba su musa popular y su gran corazón. Tuvo fama de ser un hombre de gran fuerza tanto física como moral.

Murió a la medianoche del día 18 de diciembre de 1965, a los 77 años de edad. La Virgen en su día de la advocación de la Esperanza lo llevó a vivir la esperada navidad eterna con su Hijo, al que tan fielmente había servido en esta vida. Una sentida manifestación, signo de lo mucho que se apreciaba a don Gabriel, y una larga caravana de coches acompañaron sus restos mortales hasta el cementerio de Chiclana.