Lasaga Carazo, José

José Lasaga Carazo

Sacerdote (1890-1965)

Nacimiento: Murguía (Álava), 22 de julio de 1890
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 13 de septiembre de 1910
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 29 de junio de 1919
Defunción: Valencia, 29 de diciembre de 1965

Nació el 22 de julio de 1890 en Murguía (Álava) en el seno de una tradicional familia vasca que entregó a la Congregación a dos de sus hijos, a nuestro José y a Miguel, mártir por Cristo.

Siendo un joven empleado de 17 años, conoció a los salesianos en Vitoria-Gasteiz. Ingresó como prenovicio en el colegio salesiano de Barakaldo y pasó después a Madrid-Carabanchel Alto. Aquí mismo comenzó el noviciado, profesó el 13 de septiembre de 1910 y continuó con los estudios de filosofía.

Realizó el trienio práctico en Atocha-Madrid y en Santander, donde tuvo como consejero escolástico a don Marcelino Olaechea, futuro obispo de Pamplona y luego arzobispo de Valencia, con quien conviviría más de 20 años. Comenzó los estudios teológicos en El Campello y los acabó en Sarrià. En Barcelona fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1919 por monseñor Enrique Reig.

Trabajó después en Sarrià como prefecto, en Madrid-Atocha como director y en Madrid-Paseo de Extremadura como confesor. Fue ecónomo inspectorial de la inspectoría céltica (1934-1939) y, finalmente, miembro de la comunidad que acompañaba a monseñor Olaechea (1945-1969) en Pamplona y en Valencia, donde murió.

Al estallar la Guerra Civil, se industrió para camuflarse en la embajada de Rumanía y hacerse pasar por uno de sus altos funcionarios. Se presentaba impecablemente vestido, el pelo planchado a raya y con su cartera al brazo. Se valió de esa traza para introducirse en ciertos ambientes y lograr favores. Se le conocía por José María, el secretario de la embajada. En la embajada lograron formar una pequeña comunidad salesiana. Servía de puesto de mando clandestino para mantener contactos, transmitir mensajes y hacer llegar módicos socorros. Además de salvar milagrosamente la vida, salvó a otros y ayudó a todos los que de alguna manera llegaban a ponerse en contacto con él.

Al terminar la guerra, fue el primer sacerdote que entró en Madrid con las tropas victoriosas. Tan avispado era. Le faltó tiempo para recorrer los colegios, hacerse cargo de la desolación en que habían quedado, tomar posesión de los despojos y comenzar su reconstrucción.

Don Marcelino Olaechea, siendo aún obispo de Pamplona, pidió a los superiores que le enviaran de colaborador a su buen amigo don José Lasaga, con quien había compartido tantos años de labor entusiasta y cuya habilidad y constante trabajo bien conocía de cerca. De él afirmará don Marcelino, siendo arzobispo de Valencia: «Permanecerá por mucho tiempo en la memoria el gran bien que entregó a esta (la de Valencia) y a otras diócesis de España el dinamismo y la habilidad económica…, que dio impensado vigor a las obras de caridad y de asistencia social».

Los dos llegaron a formar un tándem muy compenetrado y llevaron a cabo una actividad brillante e incesante en iniciativas, como la construcción del gran seminario de Moncada, grupos de viviendas, clubes deportivos en la playa de Benimar, las colonias de verano para chicos de familias humildes, el banco de Ntra. Sra. de los Desamparados o la gran tómbola de la Caridad son algunas de las innumerables empresas que pasaron en su momento del cerebro de uno a las manos expeditas del otro, y que se detallan en la reseña de don Marcelino Olaechea.

Don José fue siempre un trabajador incansable. Trabajó como un verdadero hijo de Don Bosco, trabajó y trabajó por los demás. Su simpatía arrollaba con sus eficaces corazonadas y sus sorprendentes ocurrencias.

Fue como los buenos administradores de la parábola del Evangelio que hicieron duplicar los talentos ayudando y consolando a todos en una labor eminentemente social. A su admirable espíritu de trabajo y de iniciativas sociales, hay que añadir su espíritu de piedad y de amor a la Congregación, que brilló esplendoroso en su enfermedad y en su santa muerte. Murió en el palacio arzobispal de Valencia el 29 de diciembre de 1965, a la edad de 75 años.