Alfonso Moreno Pérez
Coadjutor (1919-2002)
Nacimiento: Santisteban del Puerto (Jaén), 12 de junio de 1919
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1954
Defunción: Sevilla, 9 de diciembre de 2002
Alfonso nace en el pueblo jienense de Santisteban del Puerto. Su familia fue una escuela de recias virtudes humanas y una verdadera iglesia doméstica. Allí aprendió el valor del trabajo, del sacrificio y de la entrega. Su padre era el director de la banda de música del pueblo. Alfonso, bajo su batuta, aprendió solfeo y comenzó a tocar el clarinete. Al mismo tiempo logró el título de bachiller; luego estudió magisterio en la escuela normal de Jaén, obteniendo en 1943 el título de maestro nacional. Tenía vocación de maestro y se entregó de lleno a la tarea, hizo oposiciones y ejerció en diversos pueblos de la provincia.
Leyó la vida de Don Bosco y le entusiasmó de tal forma, que desde entonces toda su ilusión fue imitarlo: ¡quería ser salesiano! Cuando el 3 de marzo de 1948 llamó a las puertas de la casa salesiana, encontró serias dificultades, debidas, sobre todo, a su salud. Pacientemente él se quedó en San José del Valle, como maestro en las escuelitas salesianas. Hizo un postulantado de cinco años. Al fin logró el certificado médico, hizo el noviciado y profesó como salesiano coadjutor el 16 de agosto de 1954. Y prosigue en El Valle por un sexenio como maestro asistente de las escuelitas.
Durante 40 años recibe siempre una misma carta de obediencia, la de maestro y asistente. Fueron testigos de su entrega incansable a la docencia las casas de Cáceres, Morón de la Frontera, Puebla de la Calzada y Carmona. Pero, sobre todo, fue Rota el lugar donde don Alfonso se realizó más plenamente como educador salesiano, durante casi 30 años: toda una vida.
Cumplidos los 80 años y ya muy debilitado, acude todas las mañanas a los Buenos días de los alumnos de primaria. Como buen salesiano, los niños fueron su vida.
Sus cualidades musicales y su creatividad típicamente salesianas le hicieron profesor de música, vocal e instrumental en todas las casas por las que pasó: aquí formó un coro, allí una rondalla; en Carmona resucitó los «Soldaditos», famoso batallón infantil. Sorprendía verlo últimamente tan desmemoriado y torpe en su función psicomotriz y, sin embargo, tan ágil ante el teclado.
Por todas las casas donde pasó se recuerdan sus Hojitas volanderas, portadoras de pensamientos, de ideas, sugerencias a la altura de las mentes infantiles que ya desde esa edad deseaba aprendieran a darle sentido a su vida.
Trabajó con ilusión en los círculos Domingo Savio, con los jóvenes antiguos alumnos, tanto que en la feria de Rota existe todavía una caseta, caseta DOSA, que recuerda aquella época. Pero la niña de sus ojos fue el movimiento Amingos de Domingo Savio (ADS), cuya organización impulsó por doquier.
Cuando se le insinuaba en su última enfermedad que tuviera esperanza de sanar, él solía señalar hacia lo alto, repitiendo: «Yo solamente espero ya el Paraíso». Y a él se fue calladamente en la casa de salud Don Pedro Ricaldone, adonde había sido trasladado para ser mejor atendido. Su muerte, a los 83 años, el 9 de diciembre de 2002, aunque esperada, no por ello fue menos sentida.