Cantalapiedra Sánchez, Manuel

Manuel Cantalapiedra Sánchez

Sacerdote (1961-2002)

Nacimiento: Irún (Guipúzcoa), 7 de noviembre de 1961
Profesión religiosa: Sanlúcar la Mayor (Sevilla), 30 de agosto de 1981
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 26 de enero de 1991
Defunción: Madrid, 15 de diciembre de 2002

Nacido en Irún, ingresó en el colegio de La Salle-San Marcial, donde se planteó la vocación religiosa. Cursó el aspirantado en Mérida y en Sanlúcar la Mayor. Realizó el prenoviciado en Cádiz y en Sanlúcar hizo el noviciado con otros 10 compañeros de las inspectorías de Córdoba, Sevilla y Valencia, donde emiten la primera profesión el 30 de agosto de 1981. Inicia allí mismo el filosofado, que lo continúa en Granada (1982-1984). El bienio práctico lo realiza en Utrera y, más tarde, en Sanlúcar, como asistente de novicios.

Tuvo que interrumpir sus estudios teológicos para realizar el servicio militar en San Sebastián, residiendo en la casa salesiana del donostiarra barrio de Intxaurrondo. De tal experiencia nos ha dejado un testimonio revelador en una carta al arzobispo castrense, monseñor Estepa (31 de julio de 1988):

«El presbítero en el Ejército, a mi modo de ver, no puede olvidar su dimensión de profeta en una estructura que en múltiples ocasiones peca de arbitraria y represiva. No pocos jóvenes son ofendidos, maltratados, no respetados en sus derechos mínimos. Casi siempre los más pobres, cultural, afectiva o económicamente, son las principales víctimas de estas situaciones. He intentado leer este año como una auténtica experiencia de encarnación en el mundo de los jóvenes: siendo igual a ellos, viviendo con ellos, riendo con ellos, sufriendo también con ellos… En esta cercanía a los jóvenes y a sus problemas me he podido sentir verdadero hijo de Don Bosco…».

Vuelve al teologado para concluir el quinto curso y es enviado a Madrid, para hacer el bachillerato en teología y la licenciatura en teología moral. Su ordenación sacerdotal tuvo lugar en Sevilla, el 26 de enero de 1991. Además, se licenció en Filosofía por la Universidad de Granada. Estrena su ministerio sacerdotal en la casa de Algeciras (1991-1994) y partirá luego a su destino casi definitivo, Mérida.

Manolo era un hombre sereno, tranquilo, bien integrado y con un proyecto claro de vida, marcado por su vocación salesiana y presbiteral.

Fue un amigo entrañable, hombre de admirable capacidad para las relaciones humanas; con sentido del humor de verbo fácil y chispeante; optimista sin ceguera ni triunfalismo; agudo y lúcido sin amargura; humorista sin vulgaridad; cultivado y sensible sin sensiblerías.

Poseía una inteligencia y lucidez fuera de lo común, así como una capacidad innata para presentar con facilidad ideas complejas y complicadas. Persona de su tiempo, estaba al día en la difícil encrucijada de la cultura actual: actualidad política, mundo de la cultura (narrativa, poesía, teatro, música…).

Era un hombre de fe profunda y recia, alimentada en la oración diaria, en la celebración digna y litúrgica de la eucaristía, en una devoción a María Auxiliadora bien enraizada en una buena teología, con un sentido de Dios profundo y existencial.

Salesiano auténtico, fue capaz de animar a su comunidad educativa pastoral, primero como coordinador de pastoral en la casa de Algeciras y luego en Mérida, como director.

Sacerdote y pastor, vivía todos estos aspectos de su personalidad en entrega cotidiana a los jóvenes destinatarios, poniendo a su servicio todas sus cualidades.

Manolo vivió los últimos ocho años de su vida, es decir, casi todo su sacerdocio, en Mérida, ejerciendo en primer lugar durante dos años la tarea de coordinador de pastoral y asumiendo después la dirección durante el sexenio 1996-2002.

En septiembre de 2002 fue destinado a Madrid, con residencia en la Casa Don Bosco, para dirigir la revista Misión Joven y hacer el doctorado en Teología Moral. Aquí le sorprendería la muerte.

El 6 de diciembre, por su propio pie, entraba en la Clínica Moncloa para una consulta ordinaria. Practicada una ecografía, los facultativos aconsejaron su inmediato ingreso. El día 9 los doctores comunicaban al inspector de Sevilla, que lo visitaba, el diagnóstico: cáncer en el hígado, con metástasis en el aparato digestivo. A partir del día 11 estuvo prácticamente en coma profundo. El día 15 de diciembre de 2002, recién cumplidos los 41 años de edad, fallecía en la Clínica Moncloa de Madrid.

Trasladado a la casa inspectorial de Sevilla, la mañana del martes, el 17 tuvieron lugar las exequias en el santuario de María Auxiliadora presididas por el arzobispo de Mérida-Badajoz, don Antonio Montero. Su madre y familiares mostraron una gran entereza, confortados de algún modo por la corriente de afecto y simpatía de todos los presentes que llenaban el templo.