Isidoro Moro Villoria
Sacerdote (1904-1978)
Nacimiento: Salamanca, 11 de marzo de 1904
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1920
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 21 de septiembre de 1929
Defunción: Madrid, 6 de octubre de 1978
Nació en Salamanca el 11 de marzo de 1904. Su padre era muy adicto al colegio de San Benito, como catequista y ayudante del oratorio. Hizo el aspirantado en Carabanchel Alto y El Campello; el noviciado y filosofado también en Carabanchel. Realizó el trienio en Atocha. De día, daba clases en Atocha; por la tarde, clases de adultos en Estrecho; y, por la noche, preparaba obras de teatro, pasión que mantuvo toda su vida.
Los primeros años de sacerdote los pasó por las casas de Vigo, Estrecho, Santander, La Coruña y Deusto, hasta afincarse en el Paseo de Extremadura, que fue la casa de su vida y de su desvivirse. A esta casa la vio y la hizo resurgir de sus ruinas de la guerra. La dejó digna y vistosa, convertida en magnífica atalaya de Madrid. La inauguración de toda la parte nueva, dormitorio, aulas, capilla, enfermería, despachos, teatro, etc., se hizo a finales de abril de 1961.
Su labor académica y educativa fue espléndida. Daba clases de religión, matemáticas, letras y dibujo. Fue maestro de escena muy acreditado, conocedor de los entresijos y la tramoya teatral, realizador de decoraciones. Adquirió todo el vestuario del teatro María Guerrero, con trajes y material de todas las épocas… En el patio estaba siempre rodeado de muchachos, hablaba con ellos de todo. Se le veía más identificado con los alumnos que con los mismos salesianos. Ejercía sobre ellos una especie de fascinación.
En 1964 fue destinado al colegio de San Fernando, donde un fallo cardíaco terminó con su vida el 6 de octubre de 1978, a los 74 años de edad.
Don Isidoro fue un salesiano grande, trabajador, encargado de obras y siempre perteneciente a la comisión de obras de la inspectoría desde su constitución. Dibujante y arquitecto frustrado, pasaba por entendido entre los técnicos de dentro y de fuera. Su amor y dedicación a los antiguos alumnos fue total. Estos le respondieron con su cariño y con la concesión de la Medalla de Oro de la asociación.