Juan Castaño Gabriel
Sacerdote (1896-1978)
Nacimiento: Aldearrodrigo (Salamanca), 31 de noviembre de 1896
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1915
Ordenación sacerdotal: Turín, 20 de julio de 1924
Defunción: Madrid, 26 de septiembre de 1978
Nació Juan en Aldearrodrigo, pueblo de la provincia de Salamanca, situado en la fértil comarca de la Armuña. Sus primeras letras las aprendió en su pueblo natal y, cuando tenía 12 años, entró en el colegio de San Benito de Salamanca. Se trasladó al colegio de María Auxiliadora al fundarse en 1909, siendo compañero y amigo durante toda la vida del político José María Gil Robles. Juan optó por la vida salesiana, siendo la primera de las numerosas vocaciones que daría el colegio de María Auxiliadora. Realizó el aspirantado en El Campello y Carabanchel Alto. Aquí hizo el noviciado y profesó el 25 de julio de 1915. Después de cursar filosofía, hizo el trienio en Atocha. Estudió teología en Foglizzo y Turín, obteniendo el grado de doctor y siendo ordenado el 20 de julio de 1924.
Con muy buena preparación académica, comenzó a desempeñar los cargos de catequista, prefecto y director en El Campello. El colegio fue asaltado durante los sucesos de la quema de conventos de 1931. Salesianos y aspirantes huyeron y don Juan marchó a Madrid. En otoño de ese mismo año comenzó a funcionar el estudiantado teológico nacional de Carabanchel Alto, del que fue nombrado prefecto. Sobrevinieron las graves dificultades de la Guerra Civil. Don Juan, milagrosamente, logró salvarse, yendo de pensión en pensión. A pesar de los peligros, encontró el modo de ejercer el ministerio sacerdotal. Con toda la cautela que se necesitaba, confesaba, llevaba la comunión y atendía espiritualmente a una red de fieles a su alcance.
Terminada la guerra, volvió a El Campello como director de los aspirantes durante cuatro años. Regresó de nuevo a Carabanchel como director del teologado y del grupo de aspirantes que allí había. Después, pasó al teologado de Barcelona-Martí-Codolar, como profesor y confesor. Más tarde, fue nombrado director del Tibidabo. Continuó las obras del templo expiatorio, logró cubrirlo y que fuera bendecido y dispuesto al culto público. De 1954 a 1960 fue director de la SEI y de la Casa Don Bosco de Madrid.
Los años finales de su vida pasó por las casas de Carabanchel, Salamanca, Estrecho, La Paloma y, por último, otra vez por Carabanchel. Los salesianos, los aspirantes, las Hijas de María Auxiliadora, las Voluntarias de Don Bosco y otras religiosas le tuvieron por confesor y se beneficiaron en gran medida de su experiencia, de su discreción y de su virtud bien ejercitada.
La vida de don Juan Castaño fue larga, callada y llena. Se puede decir de él que, en un sitio o en otro, en una misión o en otra, estuvo en activo hasta el final. Por su manera de ser, serio y concienzudo, algunos decían que no había tenido juventud, pero lo que no tuvo, en realidad, fue vejez, una vejez de retiro sosegado e inactivo. Don Juan fue e hizo mucho más de lo que dijo.