Ramón Moya López
Sacerdote (1948-2009)
Nacimiento: Godelleta, 13 de agosto de 1948
Profesión religiosa: Godelleta, 16 de agosto de 1966
Ordenación sacerdotal: Cuenca, 7 de enero de 1978
Defunción: Madrid, 24 de julio de 2009
Ramón nació por accidente, como él decía, en Godelleta (Valencia) el 13 de agosto de 1948. Pronto entró en contacto con los salesianos del colegio San Juan Bosco de Valencia, donde estudió y brotó su vocación.
Comenzó el noviciado en Godelleta el 15 de agosto de 1965 e hizo la profesión religiosa el 16 de agosto de 1966. Allí mismo cursó los estudios de filosofía, interrumpidos varias veces al ser enviado a otras comunidades para sustituir a algún salesiano enfermo. Acabado el segundo año de filosofía, empezó el trienio práctico en Villena y, al terminarlo, en 1971 fue destinado a Medina del Campo para terminar el tercer año de filosofía antes de empezar teología en Martí-Codolar en 1972. Terminada la teología, fue enviado a Cuenca, donde trabajó tres años y donde recibió la ordenación presbiteral el 7 de enero de 1978.
En 1979 fue destinado a la casa de Cartagena. A los dos años, el inspector lo escogió como componente de la primera expedición misionera a Touba (Malí) adonde llegó el 2 de diciembre de 1981. Fue el primer director y el primer párroco salesiano de Touba hasta 1977, cuando fue destinado a la comunidad de Bamako, capital de Malí (1997-2006). Los tres últimos años de su vida fue director de la comunidad de Thiès (Senegal).
Se le detectó una hepatitis que se fue agravando de día en día y que hacía necesario su traslado a España. El viaje se fue retrasando porque quería morir en Thiès para quedarse en su amada África. Por fin se hizo el traslado, pero, a los dos días de llegar a Madrid, falleció en la clínica madrileña de la Moncloa el 24 de julio de 2009, a los 60 años.
Sobresalía en él su preocupación por la verdad y la justicia (en Touba le llamaron Mutian: el que dice la verdad), su capacidad de escucha (más que de hablar) y de acogida, el amor a su familia, a sus raíces (Cehegín, en Murcia) y a sus amigos (los tenía de largo tiempo y cuidaba su relación con ellos).
En su vivencia africana, destacaba su identificación con el Proyecto África, su amor por la misión y por el continente africano (adoptó la nacionalidad maliense como signo de su cariño a la tierra donde iba a desarrollar la mayor parte de su actividad misionera). Sus ideas sobre la misión eran claras: no somos bienhechores (aunque hay que hacer el bien), no venimos a dar lecciones a gente ignorante, no somos constructores de edificios… El misionero debe vivir con la gente, esforzarse por aprender su lengua y comprender sus costumbres, comprender el corazón de sus hermanos para amarlos. Ramón estaba dispuesto a dar su vida sin límites por los jóvenes africanos.
Fue un modelo de salesiano presbítero. Afirmaba que fue Don Bosco quien guió sus pasos hasta Malí. Y, como buen hijo de Don Bosco, vivió la vocación salesiana inserta en la Iglesia local. Durante muchos años fue el encargado diocesano de la pastoral vocacional.
La base de todo estaba en la vocación cristiana. Le animó siempre su fe en Cristo resucitado. Su fe era cristocéntrica y estaba centrada en la Palabra de Dios.