Nofre Mora, Agustín

Agustín Nofre Mora

Sacerdote (1871-1960)

Nacimiento: Seurí (Lérida), 10 de octubre de 1871
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 14 de noviembre de 1897
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 6 de junio de 1909
Defunción: Utrera, 28 de agosto de 1960

Nace en la villa leridana de Seurí, hijo de padres profundamente cristianos. Convencido de la llamada de Dios, entró en el seminario de Urgel, en el que permaneció tres años.

Se encontraba en Barcelona cuando Don Bosco visitó la ciudad en abril de 1886, pero no lo vio, aunque sí oyó hablar mucho de él. El 4 de septiembre, a los 25 años de edad, entra en el noviciado de Vicenç dels Horts y el 14 de noviembre de 1897 emite los votos perpetuos. Transcurre el primer trienio de su vida salesiana un curso en Sant Vicenç, completando su formación, y dos en Sarrià como maestro y asistente.

En 1900 es trasladado a Andalucía. Vive primero en Utrera, estudiando filosofía y teología, período que concluirá el 6 de junio 1909 con la recepción del sacerdocio, de manos de monseñor Marcelo Spínola. En Utrera prosigue por un quinquenio trabajando como maestro y asistente.

En 1914 es enviado a Alcalá de Guadaíra como director-fundador. Su trabajo sería reconocido mucho más tarde, al declararlo el ayuntamiento Hijo Adoptivo de la ciudad.

A excepción del trienio 1919-1921, vivido como prefecto de la casa inspectorial (Sevilla), Utrera fue su hogar por los siguientes 40 años, hasta la muerte, desempeñando el cargo de prefecto desde 1921 a 1925, y desde entonces confesor, sin horario fijo, pues para él las almas no tienen hora. El confesionario fue para don Agustín instrumento predilecto de apostolado, en especial con niños y jóvenes de nuestras casas.

Su vida fue apagándose poco a poco. Confesado y administrado, teniendo entre las manos la estampa de san Agustín, su santo protector, se durmió en el Señor el mismo día de su onomástico.

Agustín era, al morir en su casa de Utrera en 1960 con 89 años de edad, el salesiano más veterano de la inspectoría. Fue el corazón siempre pronto a consolar a todos los afligidos, siendo, por esto, muy sentida su muerte entre salesianos y personas externas.