Ernesto Núñez Salguero
Sacerdote (1922-1989)
Nacimiento: Morón de la Frontera (Sevilla), 12 de octubre de 1922
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1939
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 3 de julio de 1949
Defunción: La Línea de la Concepción, 1 de mayo de 1989
Nace Ernesto en el pueblo sevillano de Morón de la Frontera, de una familia cristiana a machamartillo, alegrada con la presencia de dos hijas y dos hijos. Estos frecuentan desde pequeños el vecino colegio salesiano, ambiente apropiado para desarrollar los gérmenes de la llamada de Dios. Y tan apropiado, que tanto Ernesto como Narciso secundan esa llamada, que la familia siempre consideró un gran regalo de Dios.
Ernesto, tras completar humanidades en el aspirantado de Montilla, en San José del Valle hace el noviciado, que corona con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1939, los estudios filosóficos y allí mismo realiza el trienio práctico, como asistente de novicios. Estudia teología en Carabanchel Alto, donde es ordenado sacerdote el 3 de julio 1949. De inmediato completaba sus estudios eclesiásticos licenciándose en teología en el PAS de Turín.
Ya sacerdote, recorre las casas de formación de la inspectoría Ntra. Sra. de Consolación de Utrera (1950-1953), con los estudiantes de filosofía, y en Alcalá de Guadaíra y Posadas (1953-1959), con los estudiantes de teología.
Fue también catequista en Campano, Sevilla-Trinidad, Alcalá de Guadaíra y en Cádiz. Durante tres años fue director de Huelva (1970-1973).
Feliz entre los jóvenes, fue gran propulsor de las Compañías, de las que fue por algunos años delegado inspectorial. También se encontraba bien entre los adultos y sobre todo en Cádiz desplegó su entusiasmo con la Asociación de María Auxiliadora, Hogares Don Bosco, Cooperadores Salesianos.
En los últimos años vivió en los ambientes parroquiales, comenzando por Badajoz, prosiguiendo por Paterna de la Rivera y culminando en la Línea de la Concepción.
Quiso ser siempre, y lo fue, un santo sacerdote. En su lenguaje, un tanto complicado, se delataba su firme intención de servir a todos. Su cabeza y su corazón eran un hervidero de inquietudes evangélicas, que superaban su tiempo y generosidad.
La devoción a la Virgen fue un componente de su espiritualidad. Desde niño sintió intensamente el Auxilio de María, desde aquella noche en la que, mientras todos dormían, un camión se empotró en la casa paterna, abriendo un inmenso boquete en la pared del dormitorio sin que ocurriera ninguna desgracia personal, y ante los ojos estupefactos de todos quedó colgando el cuadro de la Virgen que ocupaba la parte central del muro. El cuadro se conserva y la gratitud a la Auxiliadora se hizo compromiso familiar de su devoción.
Don Ernesto Núñez fue un hombre de Dios entregado a la misión, a corazón abierto. Tan abierto que estalló de repente, en la Línea de la Concepción, de un solo golpe, mientras se trasladaba el 1 de mayo de 1989 a celebrar el mes mariano. Tenía 66 años de edad.