Oberti Porta, Ernesto

Ernesto Oberti Porta

Sacerdote (1854-1904)

Nacimiento: Racconigi-Cuneo (Italia), 7 de mayo de 1854
Profesión religiosa: Turín, 20 de septiembre de 1872
Ordenación sacerdotal: Casale-Alessandria, 23 de junio de 1876
Defunción: Roma, 28 de octubre de 1904

Nació en Racconigi, provincia italiana de Cuneo, el 7 de mayo de 1854. Su padre era médico, aunque muchos le creían hijo de un «marqués», dado su porte y distinción. Realizó su primera profesión en Turín el 20 de septiembre de 1872 a los 18 años. El trienio práctico lo hizo en Valsalice. Fue ordenado sacerdote a los 22 años en Casale, el 23 de junio de 1876. Como nuevo sacerdote, trabajó en el Piamonte.

En 1881 y con 27 años, Don Bosco lo envió a España en la primera expedición de salesianos dirigidos por don Juan Branda. Apenas llegar, se dedicó con ahínco al estudio del español para poder predicar cuanto antes. Desempeñó durante tres años el cargo de prefecto y vicario de la casa de Utrera y durante 15, el de director (1884-1899). Gran educador, supo crear un ambiente de familia no exento de un cariño exigente.

Gracias a la cooperadora salesiana, María de la Paz Sánchez González, se funda la primera casa de los salesianos en Madrid, en un pequeño chalé en la calle Zurbano, número 50, de la que fue el primer director (1899-1902). Con la primera y joven comunidad organizan el oratorio festivo, una clase para muchachos analfabetos y un internado con tres huérfanos. Vista la limitación del espacio, compran unos terrenos a las afueras de Madrid, en Ronda de Atocha.

Asiste en 1901 al IX Capítulo General en Turín y es nombrado el primer inspector de la céltica con sede en la nueva casa salesiana de Ronda de Atocha, número 17, de la que es nombrado también director. En poco tiempo la obra adquirió un gran desarrollo: escuelas populares con tres clases, oratorio… En aquel degradado extrarradio madrileño se respiraba un nuevo aire. Fruto de su empeño y trabajo fue también la adquisición de un terreno en Madrid-Carabanchel Alto, donde nacería la futura casa de formación para aspirantes, filósofos y teólogos; así como el proyecto de crear una residencia universitaria, para los alumnos que terminaban los estudios de bachillerato e ingresaban en la universidad.

Consciente de su deteriorada salud, parte para Italia el 18 de agosto de 1904. Asiste en Turín al X Capítulo General que duró 22 días, desde el 23 de agosto al 13 de septiembre. Aquejado de un tumor maligno en el hígado, consultados los superiores y sustituido en sus funciones de inspector por don Mauricio Arato, se traslada a Roma para ser atendido, y allí fallece el 28 de octubre de 1904, a los 50 años de edad.

Hombre completo y brillante, poseía grandes habilidades para las relaciones personales, tanto con los muchachos, como con los bienhechores, los religiosos y los laicos. Era amable, emprendedor, optimista, prudente, previsor, piadoso y entregado a los jóvenes. Al estilo de Don Bosco, era hombre de grandes iniciativas y poseía incuestionables dotes de liderazgo, muy estimado y de gran prestigio entre los cooperadores y benefactores. Siempre afanoso, quería hacerlo todo y con prisa.