Antonio Pancorbo López
Sacerdote (1896-1936)
Nacimiento: Málaga, 10 de octubre de 1896
Profesión religiosa: Utrera (Sevilla), 11 de agosto de 1917
Ordenación sacerdotal: Cádiz, 7 de marzo de 1925
Defunción: Málaga, 24 de septiembre de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el 28 de octubre de 2007
Nació el 10 de octubre de 1896 en Málaga. Muy pronto frecuentó el oratorio festivo y las escuelas salesianas de la ciudad.
Ingresó como aspirante a los 14 años en Écija. En agosto de 1914 marchó para iniciar el noviciado en San José del Valle, que continuó en Alcalá de Guadaíra, donde permaneció hasta 1920. Aprovechó los ejercicios espirituales de verano, tenidos en Utrera, para hacer su primera profesión, el 11 de agosto de 1917.
Destinado a Cádiz, se entregó durante el quinquenio 1920-1925 a las prácticas pedagógicas y a los estudios de la teología, siendo ordenado presbítero el 7 de marzo de 1925.
Pasó sus dos primeros años de sacerdote en Utrera; continuó, como jefe de estudios y catequista, en Las Palmas de Gran Canaria (1927-1933) y en Málaga (1934-1936).
El 18 de julio de 1936, la sublevación militar pasó de Canarias y Marruecos a la península. En Málaga, el día 19 las tropas sublevadas al no recibir la ayuda de Melilla se retiraron y comenzaron los desórdenes con asaltos e incendios. En Málaga el colegio salesiano fue asaltado y saqueado el día 22 de julio y los salesianos fueron hechos prisioneros, llevados a la cárcel. Antonio fue señalado como una de las víctimas en una de las primeras «sacas», pero se pudo librar de ella. Un miliciano quiso arrancarle la medalla de la Virgen que pendía de su cuello: «Si me habéis de matar lo mismo, dejadme que muera con la medalla», protesta enérgicamente. No obstante se la arrancan violentamente, arrojándola al suelo, de donde la recoge otro salesiano, que se la devuelve. Este la besa con ternura y se la coloca sobre el pecho.
Curiosamente, Antonio pudo escapar de la muerte, debido a una chocante circunstancia: llevaba unos pantalones que al policía le parecieron muy cortos para salir de la cárcel, por lo que le ordenó que se los cambiara. En el ínterin, el cupo de las 60 víctimas se había cerrado, quedando descartado en aquella saca, en la que perecieron tres salesianos.
La suya fue la saca del 24 de septiembre. En esa selección fueron sacrificados 110 hombres y 8 mujeres. Tuvo lugar entre las 13:30 y las 18 horas. Los salesianos, Antonio, el director y dos hermanos fueron sacados hacia las tres de la tarde. Transportados ante las tapias del cementerio de San Rafael, allí fueron asesinados. Sus restos fueron depositados en una fosa común de dicho cementerio y, más tarde, trasladados a la catedral junto con los demás.
Don Antonio fue un educador alegre, humilde, piadoso y trabajador. Era el catequista ejemplar: animoso y entregado.