José Javier Peña Díez
Sacerdote (1958-2019)
Nacimiento: Villacanes (Burgos), 3 de mayo de 1958
Profesión religiosa: Logroño, 16 de julio de 1977
Ordenación sacerdotal: Vitoria, 27 de junio de 1987
Defunción: Galdácano (Vizcaya), 23 de julio de 2019
Javi, como coloquialmente era conocido, nació en Villacanes, provincia de Burgos, al lado de Villarcayo, en el seno de una familia cristiana y numerosa sacada adelante por sus padres Amador y Piedad.
Comenzó como aspirante a la vida salesiana en el colegio de Zuazo de Cuartango, Álava, donde realizó los estudios correspondientes antes de entrar en el noviciado, que hizo en Logroño el curso 1976-1977. Al finalizar el noviciado hizo la primera profesión religiosa el día 16 de julio de 1977.
Los estudios de filosofía, después del noviciado, los hizo en Urnieta y en esta misma casa hizo también el tirocinio práctico con los aspirantes, a los que se entregó totalmente en su formación, como profesor, asistente y animador del deporte y de la vida del aspirantado, como era en aquellos años 80.
Tras el trienio fue a Vitoria donde hizo los tres primeros años de estudios teológicos que completó, con sus compañeros, con un cuarto año de pastoral en Madrid. Fue ordenado sacerdote en Vitoria el día 27 de julio de 1987.
Como sacerdote, ejerció su ministerio en el colegio Los Boscos, de Logroño, como educador docente. Al finalizar este primer año sacerdotal solicitó ir a misiones y fue enviado a Cotonou (Benín), donde estuvo cinco años, desde 1988 a 1993, en que volvió durante un año a la Inspectoría, casa San Juan Bosco, Salesianos Deusto, para completar algunos estudios de formación profesional. Al año siguiente, 1994, marchó de nuevo a Kandi, Benín, y al año siguiente a Parakou. Vuelve de nuevo a la Inspectoría durante un año y concretamente a la casa de Santo Domingo Savio, de Logroño. Al finalizar el curso en Logroño, marcha a Guinea Bissau.
Después de unos años más llevando a cabo el ministerio pastoral en distintas presencias de la Inspectoría de la AFO, en África, regresa definitivamente a la Inspectoría el año 2014, cuando tiene lugar la reunificación de las tres inspectorías de Bilbao, León y Madrid, en la única Inspectoría de Santiago el Mayor con sede en Madrid.
En septiembre de 2015 se constituye la comunidad Beato Miguel Rua, que ocupa los locales de la antigua sede inspectorial de Bilbao. En ella, al abrigo de la “Fundación Boscos para la Promoción Social”, surge el Proyecto “Zuen Etxea” con la finalidad de acoger a migrantes, en situación de emancipación o mayores de edad, de los que Javier es directamente encargado por el señor Inspector, compaginando con ello el cargo de administrador de comunidad y proyecto. Aquí permanece durante los cursos 2015 al 2018.
Al finalizar el curso 2017-2018 es enviado a la casa de San Sebastián-Intxaurrondo para colaborar en las parroquias de María Auxiliadora del colegio, Andra Mari de la diócesis y en algunas tareas del colegio. En estas tareas estaba cuando en una consulta ordinaria al médico de cabecera, éste le envía al hospital de Galdácano donde, después de unas pruebas, le detectan un cáncer de colon bastante desarrollado que afecta a otros órganos vitales. Fue dado de alta a los cuatro días y aunque le dieron esperanzas, el día 20 entró en una situación crítica falleciendo en la mañana del día 23 de julio de 2019.
Desde el momento en que le anunciaron la gravedad de su enfermedad, Javier manifestó sentirse bien, sereno, tranquilo y bien acompañado por la familia y la comunidad salesiana.
En su currículo de estudios, Javier tenía el título de Director de campamentos. Había obtenido el título de Magisterio en la escuela e San Sebastián. Era Licenciado en Estudios eclesiásticos por la Facultad de Teología del Norte con sede en Vitoria y poseía el título de Idoneidad eclesial conseguido en Madrid.
La perfección es una meta que se trata de conseguir a través de un camino de exigencia, de esfuerzo y de superación. Desde el punto de vista humano, Javier era una persona alegre, austera, parca en palabras, muy cercana a la familia, claro en el diálogo, honrado en su actitud y leal en sus planteamientos. Desde el punto de vida religiosa era un consagrado fiel, observante, entregado, exigente consigo mismo y con los demás, lo que le causaba algunos conflictos, disponible para lo que se le pidiera. Y como salesiano era un gran trabajador, servicial, sencillo, contento de ser salesiano, amaba todo lo salesiano y llevaba a cabo su misión con abnegación y empeño.
Javier fue un salesiano de a pie, como son los salesianos: disponibles, entregados, sencillos y alegres, siguiendo el estilo de Don Bosco. Un modelo de vida proyectada desde la fe, y de vida de oración. La serenidad con que aceptó el proceso de su enfermedad, se puede decir que fue una manifestación de lo fue su vida… un saberse poner continuamente con confianza en manos del Padre Dios.