Pérez Méndez, Domingo

Domingo Pérez Méndez

Sacerdote (1909-2001)

Nacimiento: Piñeira de Arcos (Orense), 8 de febrero de 1909
Profesión religiosa: Barcelona-Sarrià, 6 de agosto de 1928
Ordenación sacerdotal: Turín, 4 de junio de 1937
Defunción: Martí-Codolar, 3 de diciembre de 2001

Nació el 8 de febrero de 1909, en Piñeira de Arcos (Orense).

En 1923 deja la casa paterna, marcha a El Campello y luego inicia el noviciado en Sarrià, donde emite su primera profesión religiosa el 6 de agosto de 1928.

Hace los estudios de filosofía en Sarrià (1928-1930) y también el tirocinio práctico (1930-1933). Mientras estudiaba teología en Carabanchel Alto (1933-1936), le sorprendió la Guerra Civil española en Valencia haciendo ejercicios espirituales. Fue detenido por los milicianos y conducido con los demás salesianos a la cárcel Modelo de Mislata (Valencia). Una vez liberado, se refugió en el consulado italiano y pudo embarcar y llegar, vía Génova, a Turín, donde fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1937 por el cardenal salesiano, primado de Polonia, Augusto Hlond.

Volvió a España y en 1938 comienza su labor pastoral en las escuelas profesionales salesianas de Pamplona como consejero (1938-1948). Pasa después un año en Sarrià como administrador y luego va a Rocafort (1949-1955) como director. De 1955 a 1957 trabaja como delegado inspectorial de cooperadores y antiguos alumnos, es nombrado a continuación director de Sarrià (1957-1960) y después permanece 39 años (1960-1999) en el Tibidabo como rector, consejero y encargado de la casa de espiritualidad Mater Salvatoris.

Finalmente fue internado en la residencia Nuestra Señora de la Merced de Martí-Codolar (1999-2001), donde murió el 3 de diciembre de 2001, a los 92 años de edad.

De sus 10 años como consejero en Pamplona, era recordado como un hombre serio, justo e inflexible, al que todos respetaban y temían, pero al que también admiraban y acudían como director espiritual y consejero en el plano afectivo y profesional. Presidía la misa diaria de los internos y se le veía siempre presente en el taller, el estudio, el patio, las clases, la enfermería, los dormitorios…

En su directorado de Rocafort, su empeño preferente fue la reconstrucción de las escuelas y de la iglesia.

En el Tibidabo llevó igualmente una gran actividad con la colocación en la cúspide de la estatua del Sagrado Corazón, la iluminación solemne del templo desde Roma por el papa Juan XXIII, su reconocimiento como basílica, la puesta en marcha de la Adoración Nocturna y otros muchos movimientos religiosos. Fue también el promotor, junto con don Ambrosio Díaz, del primer congreso internacional sobre el Sagrado Corazón de Jesús en octubre de 1961.

Desde Martí-Codolar, en silla de ruedas, siguió siendo el hombre de Dios, ejerciendo el ministerio de la reconciliación, consolando, aconsejando y ofreciendo sus dolores, cada vez más intensos, por el bien de la Iglesia.