Rómulo Piñol Aresté
Sacerdote (1913-2000)
Nacimiento: Maials (Lérida), 30 de agosto de 1913
Profesión religiosa: Gerona, 1 de agosto de 1930
Ordenación sacerdotal: Vic (Barcelona), 22 de diciembre de 1940
Defunción: Martí-Codolar, 4 de enero de 2000
Nació el 30 de agosto de 1913 en Maials (Lérida). Siendo muy niño, perdió a su padre, farmacéutico del pueblo. Teresa, su madre, le acompañará siempre, ayudándole como hizo Mamá Margarita con Don Bosco. También su hermano César, aun sin ser salesiano, será un estrecho colaborador durante casi toda su vida.
A los 12 años ingresó como alumno interno en Sarrià, en 1927 marchó al aspirantado de El Campello y a los dos años inició en Gerona el noviciado que coronó con la profesión religiosa, el 1 de agosto de 1930. Allí mismo hizo los estudios de filosofía y los de magisterio en la normal de Gerona (1930-1932).
Comenzó el tirocinio práctico en Mataró (1932-1934), que por motivos de salud hubo de terminar en Pamplona (1934-1937, 1938-1939). Después estudió teología entre Astudillo (1937-1938) y Carabanchel Alto (1939-1940) y, ya siendo miembro de la comunidad de Sant Vicenç dels Horts, fue ordenado sacerdote en Vic, el 22 de diciembre de 1940.
Trabajó dos años en Sarrià como director de la refundada revista El Oratorio Festivo, donde firmaba con el seudónimo de El Abuelito. En 1943 fue enviado a Madrid para colaborar con don Miguel Riera en la puesta en marcha de la SEI. En 1947 fundó el oratorio de Vicálvaro, germen del actual colegio madrileño Santo Domingo Savio, siendo su primer director de 1954 a 1957.
De vuelta a su inspectoría de origen, fundó en 1957 la obra salesiana de Terrassa y dio vida a la parroquia de Sant Bernat (Ciudad Meridiana) de Barcelona. Estuvo también en la comunidad del Tibidabo (1983-1998), retirado del intenso trabajo pastoral. Finalmente falleció en la residencia de Martí-Codolar el 4 de enero de 2000, a los 86 años de edad.
Don Rómulo encarnó el espíritu oratoriano típico de Don Bosco. Ya siendo clérigo en Pamplona, lo había aprendido y experimentado al lado del padre Viñas. Con poquísimos medios (una pelota, un trapo, una cuerda, unas palmas) y el teatro, entretenía a centenares de muchachos.
Como joven sacerdote, quedó impactado muy pronto por las lamentables condiciones de los chicos de barriadas en expansión de las grandes ciudades, que le llevaron a encontrar en el método pastoral de Don Bosco la solución a sus problemas.
A través de la escuela y el oratorio festivo elevó humana, social y moralmente una generación de niños y jóvenes en dificultades, transformándolos en protagonistas de su propio futuro.
Don Rómulo fue un hombre de fe, exigente y trabajador, dotado de una gran apertura de mente y corazón. Los rasgos de Don Bosco fueron los de su propio estilo de vida y de su espiritualidad. Su corazón oratoriano le llevó a ser pionero en ambientes típicos para la misión salesiana.