Luis Podlesnik Armich
Coadjutor (1918-1992)
Nacimiento: Ljubljana (Eslovenia), 13 de octubre de 1918
Profesión religiosa: Radna (Eslovenia), 9 de agosto de 1936
Defunción: Sevilla, 31 de octubre de 1992
Luis nace en Ljubljana, capital de Eslovenia, poco antes de establecerse el Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos, último de diez hermanos. Quedó huérfano de padre a los pocos meses de su nacimiento. Su madre, mujer fuerte, logró que todos sus hijos terminaran sus estudios primarios e incluso que alguno aprendiera un oficio. Luis aprendió el oficio de sastre en las escuelas profesionales salesianas. Terminado el aprendizaje, fue admitido al noviciado en Radna, donde emitió su primera profesión el 9 de agosto de 1936.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se vio envuelto en arduas peripecias. Pudo, al fin, zafarse del conflicto bélico, por lo que sería declarado prófugo en su patria. Recaló en la casa salesiana de Bolengo (Italia) y posteriormente en la de Cumiana (Italia).
En 1947 sus inquietudes misioneras juveniles lo encaminaron hacia China, pero torció aquellas inquietudes, algo que le obligó a desembarcar en Las Palmas de Gran Canaria. Y, aunque de nuevo tuvo ilusión de ir misionero a Ecuador, su vida salesiana discurrirá en España, inspectoría de Sevilla, donde terminó nacionalizándose en 1963.
Las Palmas, San José del Valle, L’Arboç del Penedés (Tarragona), Jerez, Puerto Real y, sobre todo, Sevilla, en la universidad laboral y en la Trinidad, fueron testigos de su incansable entrega profesional, tanto de sastre, como también de sus tareas apostólicas en los ambientes más humildes y marginados.
Dios, que escribe derecho con renglones torcidos, lo quiso misionero entre los jóvenes más necesitados de la tierra andaluza, en las barriadas más humildes de la capital —Torreblanca, San Jerónimo, Bellavista, Polígonos Sur, San Pablo…—. «Tengo que estar con los pobres. Hay que ayudar a formar hombres de bien. No puedo consentir que las cárceles se nutran con esos chavales marginados», confesaba en una entrevista, con ocasión del emotivo homenaje, tributado el 28 de septiembre de 1991 por los vecinos del Polígono Sur. Homenaje, en el que no faltó un partido de fútbol entre el Rayo Betis, equipo fundado por él, y el Real Betis Balompié.
«Quiero destacar que yo atraía a los chavales a través del deporte, principalmente del fútbol, pero siempre como un medio, porque el fin, como cristiano y como salesiano, es la búsqueda de la persona».
Su carácter jovial y abierto contagiaba a los demás, que se sentían a gusto en su compañía y conseguía además que muchos de sus destinatarios, arrastrados por su entusiasmo, siguieran sus pasos.
Llegó a la casa de la Santísima Trinidad en el año 1986, procedente de la Universidad Laboral de Sevilla. Hacía tiempo que deseaba encontrarse con la familia en su querida Eslovenia, que entonces formaba parte de la desaparecida Yugoslavia, pero el gobierno de aquel país le tenía vedado el ingreso. Fue en Trieste donde se produjo el encuentro, del que salió tan profundamente emocionado que su ya fatigado corazón le dio el primer aviso serio. Ya en Sevilla, se vio obligado a dejar su querido trabajo pastoral en las barriadas marginadas de la ciudad, dedicando el tiempo que le permitía su delicada salud a la coordinación del deporte escolar.
«Hay que hacerle caso a los médicos, repetía con frecuencia, pues mi corazón está ya cansado». Y el 31 de octubre de 1992 ese cansado corazón, que había latido 74 años, descansó al fin en la casa del Padre, donde, sin duda, don Luis continuará organizando campeonatos de fútbol.