Amador Pozo González
Sacerdote (1929-1987)
Nacimiento: Gozón de Ucieza (Palencia), 31 de enero de 1929
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1948
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 23 de junio de 1957
Defunción: Orense, 27 de julio de 1987
Nació en Gozón de Ucieza (Palencia) el día 31 de enero de 1929, el menor de seis hermanos de una familia profundamente cristiana. La llamada a la vida religiosa no era una novedad en su familia, ya que una hermana suya había profesado en las Dominicas Francesas. A los 14 años inicia su camino hacia la vida salesiana en Astudillo. En Mohernando, concluido el noviciado, hace su primera profesión el 16 de agosto de 1948. Los estudios de filosofía los realizó en el colegio de San Fernando de Madrid. Su primera experiencia de vida práctica tiene lugar en Salamanca y en el colegio San Juan Bosco de La Coruña.
Inicia los estudios de teología en el año 1953 y se ordena de sacerdote el día 23 de junio de 1957 en Carabanchel Alto. Con alegría recibe la invitación para realizar estudios de pedagogía en el Pontificio Ateneo Salesiano de Turín durante los años 1957-1959.
De regreso a España, sus destinos se sucedieron en tierras gallegas y castellano-leonesas: La Coruña, Orense, María Auxiliadora de Vigo, Zamora y Orense de nuevo.
Don Amador era un hombre que amaba la escuela y era exigente primero consigo mismo en la preparación de las clases y después con los alumnos, convencido de que sin disciplina y orden no puede haber educación. Entregado con ilusión a su trabajo docente, bajo la capa de exigencia externa que le imponía su cargo de consejero, latía un corazón cercano, una persona tratable y optimista. Se alegraba del éxito de sus alumnos y animaba siempre al esfuerzo y a proponerse metas más altas a los que consideraba con capacidad para ello. Su apretada jornada docente se completaba con la asistencia al comedor de los alumnos y la responsabilidad de la biblioteca, que atendía con esmero. Desde hacía tiempo, traducía del italiano documentos y literatura del instituto de las Voluntarias de Don Bosco. Como salesiano, era ávido lector de nuestra literatura y de todo lo referente a la Congregación.
Amador era un hombre vitalista, amante de la práctica del deporte, lo cual lo acercaba a los alumnos. Le gustaba acompañar a los equipos del colegio en los frecuentes desplazamientos que requerían las competiciones en las que participaba. Caminar fue un ejercicio y una afición que cultivó hasta el último día de su existencia.
Gozaba de buena salud y nada hacía presagiar una próxima muerte. El día 27 de julio transcurrió con plena normalidad. Amador hacía tres días que había regresado de realizar una corta visita a su familia, después de haber terminado los ejercicios espirituales en Valladolid. Terminada la cena, los hermanos de la comunidad salieron a pasear por los patios y jardines del colegio. Al retirarse a descansar, encontraron a Amador desvanecido en el suelo. Resultaron infructuosos los esfuerzos por reanimarlo. El médico no pudo hacer otra cosa que certificar su defunción por paro cardíaco. Tenía 58 años.
El funeral constituyó una prueba más de aprecio hacia la persona del buen salesiano que fue don Amador.