Priede Valle, José Manuel

José Manuel Priede Valle

Coadjutor (1932-2016)

Nacimiento: Fresnidiello-Parrede (Asturias), 15 de mayo de 1932
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1953
Defunción: Urnieta (Guipúzcoa), 15 de febrero de 2016

Nació en el pueblo asturiano de Fresnediello-Parrede. Sus padres fueron Antonio Priede y Maria-Mercedes Valle, quienes, en aquellas épocas difíciles de guerra y postguerra, habían creado una familia con cuatro hijos. De sus primeros años en el pueblo, siempre guardó un buen recuerdo, sea por el entorno en que vivía, como por sus relaciones familiares mantenidas en activo hasta el último día de su vida.

En 1952, con 22 años, entró en el noviciado de Mohernando y allí hizo su primera profesión religiosa como coadjutor el 16 de agosto de 1953. Terminado el noviciado, permaneció en Mohernando realizando las tareas propias de la casa y de la granja hasta 1959, en que fue enviado a Sarracín (Burgos), como formador de muchachos del entorno popular y agrícola de la escuela de capacitación agraria que, promovida por Caja Burgos, durante algunos años regentaron los salesianos.

En Sarracín permaneció hasta 1964 año en que pasó a Urnieta, que sería casi definitivamente su casa, pues excepto en 1969 en que fue destinado como despensero a la casa de Deusto, el resto de su vida salesiana lo pasó en la comunidad de Urnieta.

El señor Priede era un coadjutor salesiano de los clásicos: activo, trabajador, cumplidor, piadoso, gran amante de Don Bosco y de la Congregación, fiel a los momentos de oración comunitaria por la mañana y por la noche, puntual como el que más a los actos de comunidad, apegado a las tradiciones salesianas que siempre defendía con sus palabras y sobre todo con su ejemplo. Ahorrador en sumo grado, amante de la pobreza y de consignar a la comunidad el fruto de su trabajo. Servicial en su comunidad, enfermero cariñoso y paciente de seminaristas y salesianos, entregado a tareas sencillas como poner el comedor, disponible y atento, a veces hasta el extremo, con quienes se acercaban al centro de espiritualidad Pake Leku en búsqueda de formación o reflexión, y casi siempre, con su sonrisa, entreabierta y pícara, a la hora de tratar con las personas.

Al final, la evolución de las cosas y las circunstancias unidas a su quebrantada salud, le obligaron a abandonar las labores del campo. Le costó asimilar la decisión tomada por los superiores de cerrar la granja. No obstante, él siguió sintiendo la necesidad del trabajo haciendo las labores ordinarias de la casa y ayudando en todo lo que podía.

En los tres últimos años su salud vino a menos y finalmente tuvo que permanecer en régimen de hospitalización domiciliaria. Viendo que las cosas se precipitaban, la comunidad decidió dedicar el retiro mensual del lunes 15 de febrero a la administración del sacramento de la unción de los enfermos, que el piadoso hermano Priede recibió con plena lucidez y vivió con su habitual gran espíritu de fe. Ese mismo día, después de la cena, se sintió repentinamente mal y al ser llevado a su habitación, se desplomó en la silla de ruedas y así entregó su alma a Dios. Tenía 81 años de edad.

Murió ejemplarmente, como había vivido, sereno, sin molestar a nadie, firme en su fe, contento de haber servido bien a la Congregación y consciente de hacer hasta el final la voluntad de Dios.