Alejandro Puig Agut
Sacerdote (1939-2003)
Nacimiento: Sierra de Engarcerán (Castellón), 26 de febrero de 1939
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1955
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 19 de marzo de 1965
Defunción: Alicante, 19 de diciembre de 2003
Nació el 26 de febrero de 1939 en Sierra de Engarcerán (Castellón) en el seno de una familia numerosa y profundamente cristiana, formada por sus padres, Gabriel y Consuelo, y cinco hijos.
En 1950 ingresó en El Campello para iniciar el aspirantado, que continuó en Gerona. Pasó después al noviciado de L’Arboç del Penedès (Tarragona), donde profesó el 16 de agosto de 1955. Realizó los estudios de filosofía en Sant Vicenç dels Horts y el trienio práctico en Zaragoza. En Martí-Codolar cursó teología y se ordenó sacerdote el 19 de marzo de 1965.
Ya sacerdote, llevó a cabo su andadura pastoral por distintas casas de la inspectoría, desempeñando las funciones de consejero escolástico, jefe de estudios, catequista, ecónomo y director. Comenzó en Ibi y siguió en los dos colegios de Valencia, en Cuenca (director) y La Almunia. En el Instituto San Pío X de Madrid obtuvo la licenciatura en Catequética. La obediencia le llevó al sur de la inspectoría, primero a Cartagena y finalmente al Colegio Don Bosco de Alicante, donde falleció.
Alejandro fue el prototipo del salesiano bueno, sencillo y servicial. Pasó por la vida sin hacerse notar apenas, pero dejando por doquier el perfume de su buen carácter y el brillo de su generosa entrega.
Mantenía un contacto permanente con sus hermanos, sobrinos y familiares. Su hermana Consuelo lo recordaba así: «Cuando venía de vacaciones, compartía con la familia excursiones, paseos y diversiones. Por Navidad, compartía con nosotros los momentos familiares más íntimos, sin dejar de participar en el intercambio de regalos, cuidadosamente depositados a los pies del árbol… Alejandro ha dejado un vacío familiar difícil de cubrir».
Era el mismo talante que demostraba en su vida de comunidad y en sus tareas educativas con profesores y alumnos. Se mostró siempre como un hombre tranquilo, bien integrado y con un claro proyecto de vida, marcado por su vocación salesiana, que desarrolló preferentemente en la escuela. Empleaba todo su tiempo en mejorar las técnicas y facilitar la tarea docente a los compañeros de sección, elaborando subsidios y materiales (grupos fotográficos personalizados de alumnos, carteles, orlas…), para ayudar a conocerlos mejor.
Pero detrás del hombre bueno que fue Alejandro, estaba evidentemente la fuente de todo: una profunda vida de fe y de amor a su sacerdocio que vivió celosamente, dispuesto siempre a ofrecer sus servicios ministeriales a quien lo necesitara.
A las 17.00 horas del día 19 de diciembre de 2003 habían finalizado las actividades escolares en el colegio y comenzaban las vacaciones de Navidad. A Alejandro le quedaba todavía la faena de revelar las últimas fotografías para llevarlas a la crónica del colegio, según su costumbre. Y en esas le sorprendió la muerte en forma de un infarto agudo, a la edad de 64 años de edad.
«Alejandro se nos ha ido calladamente…, dijo el padre inspector en la homilía funeral. Se preparaba a descansar en estas navidades, y el Señor le ha visitado, le ha llamado y, sin hacer ruido, se nos ha ido a celebrar el Misterio de Cristo ya con Él y con María Auxiliadora y al lado de Don Bosco».