Antonio Prieto Fernández
Sacerdote (1934-2003)
Nacimiento: Taboadela (Orense), 6 de noviembre de 1934
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1953
Ordenación sacerdotal: Posadas (Córdoba), 5 de junio de 1963
Defunción: Málaga, 31 de diciembre de 2003
Nació el 6 de junio de 1934 en Taboadela (Orense). Fueron siete hermanos. Sus padres, Vicente y Genoveva, supieron sacarlos adelante y educarlos.
Inicia el aspirantado en Antequera y lo concluye en Montilla. Pasa al noviciado de San José del Valle y lo corona con sus votos temporales el 16 de agosto de 1953. Continúa sus estudios de filosofía en Consolación de Utrera y realiza el trienio práctico en la Institución Sindical Virgen del Carmen de Puerto Real. Los estudios teológicos los hace en Posadas (1960-1963) y allí mismo es ordenado sacerdote el 5 de junio de 1963.
Ya sacerdote, trabaja como jefe de estudios en la casa de niños de la diputación de Cáceres (1963-1964) y en el Hogar de San Fernando en Sevilla (1964-1968); en la Universidad Laboral en Sevilla (1968-1973), como educador, y aprovecha para estudiar ingeniería mecánica; en Cádiz (1973-1976), como catequista y jefe de estudios; en Campano (1976-1983), como jefe de estudios; en Morón de la Frontera (1983-1986), como director; en Cádiz (1989-1994), como director pedagógico de formación profesional; y finalmente en Campano (1994-2003), en diversos cargos y misiones.
Aunque llevaba varios años padeciendo de Parkinson, atendía a los quehaceres agrícolas de Campano. El 2 de diciembre fue internado en ASISA de Jerez, donde se le detectó insuficiencia cardiaca. Decidió operarse en la clínica El Ángel de Málaga y, tras una difícil intervención que el corazón no pudo superar, falleció en Málaga el 31 de diciembre de 2003 a los 69 años de edad.
Era un salesiano detallista y siempre de buen humor, atento a las necesidades de los demás. Inquieto intelectualmente, le gustaba participar en todas las iniciativas formativas tanto religiosas como técnicas: tenía diploma de todo. Disponible, trabajador incansable, lo mismo celebraba la eucaristía, arreglaba una máquina o recogía unas lechugas o unos limones en el campo. Entre sus muchas aficiones, estaba la fotografía, que practicó ampliamente. Se hizo amigo de su enfermedad y la concebía como un «regalo de Dios». Grande era su entusiasmo por Don Bosco y su devoción a María Auxiliadora, que lo sostuvieron en los momentos de debilidad.