Quintas Feijoo, Sergio

Sergio Quintas Feijoo

Sacerdote (1909-2001)

Nacimiento: Pineira de Arcos (Orense), 7 de octubre de 1909
Profesión religiosa: Barcelona-Sarrià, 4 de agosto de 1929
Ordenación sacerdotal: Pamplona, 4 de diciembre de 1938
Defunción: Sarría (Venezuela), 20 de agosto de 2001

Nació el 7 de octubre de 1909 en Piñeira de Arcos (Orense). Como varios muchachos de esas tierras gallegas de Orense, marchó a Sarrià (1924-1925) y después al aspirantado de El Campello (1925-1928). Volvió a Sarrià para el noviciado, culminado con la profesión religiosa el 4 de agosto de 1929.

Estudió filosofía en Gerona (1929-1930) y realizó el tirocinio práctico entre Ciutadella y Sarrià; también cumplió con el servicio militar desde enero a julio de 1933.

Cursó teología entre Carabanchel Alto, San José del Valle y Salamanca, y fue ordenado sacerdote en Pamplona por monseñor Olaechea, el 4 de diciembre de 1938.

Ya sacerdote, desempeñó principalmente los servicios de consejero y prefecto en Mataró, Valencia-San Antonio, Sarrià y Horta. Diez años estuvo en Alicante (1950-1960) como confesor y encargado de cooperadores, de donde marchó a fundar la casa de Elche-San Rafael (1960-1964). Terminó su estancia en la inspectoría San José de Valencia al frente de la parroquia de María Auxiliadora de la Avenida de la Plata de Valencia (1964-1974).

Con 65 años marchó a Venezuela. Fue destinado a Sarría (1974-2001), donde desplegó todo su entusiasmo y energía sacerdotales hasta su muerte, ocurrida el 20 de agosto de 2001, a los 91 años de edad.

Don Sergio era una persona noble y transparente, con gran libertad interior. Tenía un carácter fuerte y un corazón de oro, con el que se ganaba pronto a todo tipo de personas. Su madurez humana y cristiana le hacía comprensivo en lo secundario y exigente en lo esencial, cariñoso y franco, espontáneo y natural en las relaciones.

De temperamento alegre y sereno, sus sentencias, llenas de sabiduría gallega, su conversación amena y su optimismo hacían que todos se sintieran bien a su lado.

Vivió su vocación salesiana y sacerdotal como una auténtica llamada de Dios, especialmente en su etapa venezolana, en la que se relacionó con los movimientos carismáticos.