Roig Roig, Juan

Juan Roig Roig

Sacerdote (1914-1996)

Nacimiento: Torrellas de Llobregat (Barcelona), 23 de mayo de 1914
Profesión religiosa: Gerona, 31 de julio de 1934
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 26 de junio de 1944
Defunción: Valencia, 16 de noviembre de 1996

Nació el 23 de mayo de 1914 en Torrellas de Llobregat (Barcelona). Dejó escrito en un pequeño diario: «Mis padres se llamaban José y Josefa. Tuve cinco hermanos… Doy gracias a Dios por toda mi familia. Mis padres eran católicos practicantes. Todos los días rezábamos el rosario, presentes todos los hijos».

En 1926 ingresó interno en nuestro colegio de Mataró. Al terminar el bachillerato, después de muchas dudas vocacionales, optó por hacerse salesiano. Ingresó en el noviciado de Gerona, donde profesó el 31 de julio de 1934, y donde cursó los estudios de filosofía. Al estallar la Guerra Civil española, fue reclutado para el frente de Aragón. Al acabar la contienda, tras un curso con los aspirantes en Huesca-Heredia, empezó los estudios de teología en Carabanchel Alto, donde fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1944.

Su labor sacerdotal se desarrolló en Ciutadella y Valencia-San Antonio. Fue director de Alicante, Valencia-San Juan Bosco y Alcoy-Juan XXIII. Alcoy-San Vicente lo tuvo como encargado del santuario y Alcoy-Juan XXIII, además de como director, como administrador y párroco. Finalmente recaló como ayudante del párroco en Valencia-San Antonio (1985-1996), donde murió el 16 de noviembre de 1996.

Su persona y su vida se nos presentan como un bloque de bondad: un hombre bueno en la plenitud del sentido de la palabra, que pasó haciendo el bien, que quería a todos sin distinción y se hacía querer por todos.

Don Juan fue una persona humanísima, hombre de gran corazón, preocupado por hacer el bien y no herir, respetuoso con todos, optimista.

Fue un salesiano, que vivía con intensidad la misión salesiana, trabajador incansable.

Siempre fue y se manifestó como sacerdote, aun en su atuendo exterior. Su sacerdocio se evidenciaba en su amor a la eucaristía, en la presencia constante en el confesionario, en la predicación de la Palabra de Dios, en la visita a los enfermos para llevarles la comunión y aliviar sus penas y necesidades.

Al final de su vida, a sus 82 años, don Juan se declaraba como un hombre providencialista. Afirmaba que la mano de Dios y el auxilio de la Virgen habían estado detrás de todos los acontecimientos importantes de su vida.

Después de pocos días de hospitalización, falleció el día 16 de noviembre de 1996, a los 82 años de edad. El funeral fue presidido por el padre inspector, don David Churio, y concelebrado por casi un centenar de sacerdotes, entre los que se encontraban algunos salesianos de la inspectoría de Barcelona y algunos párrocos de la ciudad. «Él nos ha dejado el ejemplo y el estímulo del siervo bueno y fiel que, pasando por la vida haciendo el bien, nos señala el camino para entrar como él en el gozo del Señor». (Don David Churio en la homilía).