José Miguel Rodríguez Fernández
Sacerdote (1921-1996)
Nacimiento: San Miguel de las Dueñas (León), 6 de marzo de 1921
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1942
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1951
Defunción: Orense, 28 de septiembre de 1996
José Miguel nació en San Miguel de las Dueñas (León). El padre de José Miguel era empleado de Renfe y fue trasladado a La Coruña. Allí José Miguel tuvo los primeros contactos con los salesianos. Comienza el aspirantado en Carabanchel Alto, que fue asaltado al comienzo de la Guerra Civil por los republicanos, los cuales pusieron a los menores de edad bajo la tutela de la Junta de Menores de Madrid. A José Miguel lo mandaron a San Juan de Alicante.
Nos dice él que mantuvo la idea de ser sacerdote gracias a la confianza en Dios y la devoción a la Virgen María. Terminada la guerra, hizo el noviciado en Mohernando y la primera profesión el 16 de agosto de 1942. Vinieron luego los estudios de filosofía y el trienio que hizo en Madrid-Atocha y los estudios de teología en Carabanchel Alto.
Ejerció su sacerdocio en colegios de ambiente popular, de marginación y de pobreza. Orense, Allariz, Vigo-San Roque, Oviedo-Naranco fueron algunos lugares de su trabajo apostólico. Sus 45 años de sacerdocio estuvieron amasados de espiritualidad y plena consagración al Señor. Don José Miguel aportó mucho a las comunidades y a los hermanos con los que convivió. Poseía una vasta cultura histórica y era versado en las lenguas clásicas. Sus intervenciones eran un verdadero regalo en los momentos de distensión y convivencia.
Sus vivencias sacerdotales, religiosas y espirituales fueron un testimonio ejemplar para sus hermanos. Fiel, cumplidor y fervoroso, era patente su devoción a la Auxiliadora, a Don Bosco y a san José.
A partir de 1983, su salud se fue deteriorando.
Él mismo hablaba de su cuerpo como de un pobre cacharro. El 28 de septiembre de 1996 entregó su alma al Señor a los 75 años de edad.
El día de su funeral, la amplia iglesia del colegio salesiano de Orense se quedó pequeña. Representantes de nuestras comunidades, de la Familia Salesiana, sacerdotes de la diócesis y fieles de la parroquia de María Auxiliadora acudieron a rezar y a testimoniar su cariño a don José Miguel.