Sánchez Delgado, Antonio

Antonio Sánchez Delgado

Sacerdote (1906-2007)

Nacimiento: Fadón (Zamora), 6 de noviembre de 1906
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1923
Ordenación sacerdotal: Jaén, 23 de diciembre de 1933
Defunción: Sevilla-Don Ricaldone, 16 de octubre de 2007

Nació en el pueblecito zamorano de Fadón el 6 de noviembre de 1906. Sus padres Julio y Genara y sus tres hijos formaban una familia sencilla de campo y de profundos principios religiosos. A los 5 años pierde a su padre. Poco después asistió a la escuela pública de Almeida de Sayago, muchas veces a lomos de un borrico. Sus raíces vocacionales posiblemente haya que encontrarlas en el trato cariñoso que recibió de su tío Jesús Casado, sacerdote diocesano, del que siempre guardó grato recuerdo.

En una de las campañas vocacionales del salesiano don Julián Sánchez por tierras salmantinas, el muchacho se presentó en el colegio salesiano San Benito de Salamanca y de allí pasó al aspirantado de Cádiz. Allí vivió hasta 1922. Quedó grabado en su mente y en su corazón la visita del beato don Felipe Rinaldi en 1919, como vicario del Rector Mayor, y el comentario de todos: «es un santo».

En 1922 ingresa en el noviciado de San José del Valle, donde emitió los primeros votos en agosto de 1923 y realizó los estudios de filosofía hasta 1925. Recuerda que fueron los primeros que salieron al tirocinio en auto y no en carro.

El tirocinio práctico lo realizó en Montilla (Córdoba) de 1925 a 1928. Los niños, cariñosamente, lo apodan «el cura chicuelo». En 1926, por segunda vez, se encuentra con el beato don Felipe Rinaldi, ya como Rector Mayor.

Compaginó teología con otros servicios pastorales y docentes un año en Utrera, dos en el colegio rondeño de El Castillo y otro en Utrera. Fue ordenado en Jaén el 23 de diciembre de 1933.

En 1934 es destinado al popular colegio de Pozoblanco, donde todo se desarrolló con normalidad hasta julio de 1936. Narra él mismo en una emotiva crónica las vicisitudes y pormenores de esos años de testimonio, martirio, persecución y cautiverio. Su recorrido y vivencias en la cárcel de Pozoblanco, después en Jaén, la estancia en Murcia, el penal de Totana (Murcia) y ya en Valencia, San Miguel de los Reyes, Plá Vallesa y Paterna, hasta la liberación en marzo de 1939. La crónica es emocionante.

Después de una breve estancia en Pozoblanco, es destinado a Utrera. De allí pasa a Montilla (1942-1954) como administrador, debiendo organizar los pocos recursos de la dura postguerra. En esos años se estrena la cofradía del Cristo del Amor, apoya la fundación de la cofradía de la Entrada Triunfal y en 1950 vive con ilusión el cincuentenario de la obra montillana y la coronación de la imagen de María Auxiliadora.

De 1954 a 1960 es el director de Pozoblanco y un año más, su administrador. Es destinado al colegio de Ronda de Santa Teresa (1961-1962) como director. De allí a Antequera como confesor.

Le esperan 40 años seguidos en Córdoba (1967-2007) en distintos cargos y comunidades: secretario inspectorial, administrador, confesor de comunidad, secretaría del colegio y capellanía diaria de la familia Cruz-Conde. En 1983 celebró sus Bodas de Oro sacerdotales y en 1993, las de diamante.

En 2003 es trasladado a las dependencias de la nueva casa para enfermos María Auxiliadora en la misma casa de Córdoba. Sostenía una insuficiencia renal aguda y complicaciones cardiorrespiratorias. El 13 de mayo de 2005, en el marco de la fiesta inspectorial, recibe de las manos del rector mayor, Pascual Chávez, la Medalla de la Congregación. El 5 de noviembre de 2006 se celebró una fiesta por su centenario bajo el simpático lema «Cien años no se cumplen todos los días». El inspector presidió la eucaristía, hubo besamanos y mensajes del Rector Mayor y del obispo de Córdoba, monseñor Juan José Asenjo.

Trasladado en una ambulancia-UCI, ingresó en la casa Pedro Ricaldone de Sevilla el 7 de mayo de 2007. Falleció el 16 de octubre 2007 sencillamente en su silla de ruedas sin más ruido, cercano a cumplir los 101 años de edad, 84 de profesión y 74 de sacerdocio.

Rodeado en su vida de mártires (su confesor en el aspirantado, don Enrique Canut, su profesor es Antonio Torrero, su obispo ordenante monseñor Basalto, mártir en Jaén), aprendió mucho de ellos. Don Antoñito, como se le llamaba cariñosamente entre los salesianos, y «el cura chicuelo» en Córdoba, fue un salesiano piadoso, tenaz, trabajador, sencillo y austero, amable y generoso.