Sánchez Escribano, Rafael

Rafael Sánchez Escribano

Sacerdote (1902-1976)

Nacimiento: Alcalá la Real (Jaén), 4 de abril de 1902
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1920
Ordenación sacerdotal: Córdoba, 15 de julio de 1935
Defunción: Palma del Río (Córdoba), 25 de mayo de 1976

Nace en la aldea de Santa Ana perteneciente a la localidad jienense de Alcalá la Real, el 4 de abril de 1902, en el seno de una familia numerosa, aunque se quedó pronto huérfano de padres, por lo que se tuvo que hacer cargo de él un hermano mayor.

En 1915 ingresa en el aspirantado salesiano de Cádiz. Tras sus primeros estudios continúa en 1919 en el noviciado de San José del Valle, culminando con la emisión de los primeros votos el 10 de septiembre de 1920. Allí mismo estudia filosofía (1920-1922) y a continuación es enviado a hacer el tirocinio práctico a la localidad sevillana de Écija.

Comienza teología en El Campello (1927-1928) y la continúa en Utrera (1928-1930). Terminados los estudios teológicos, es enviado a Córdoba, donde desempeña diversos cargos: encargado de pastoral, encargado del oratorio y las escuelas populares, administrador de toda la casa. Se ordena sacerdote en la ciudad de Córdoba el 15 de julio de 1935.

Es destinado a Jerez de la Frontera, como director del colegio oratorio del Padre Silva. En la nueva inspectoría salesiana de Córdoba es nombrado primer ecónomo inspectorial. Al año siguiente es nombrado director del colegio rondeño de Santa Teresa (1955-1961). De Ronda es trasladado a Santa Cruz de Tenerife (1961-1967), como director del colegio-internado, donde desarrolla una gran labor con los muchachos abandonados en colaboración con el Cabildo Insular.

Durante el curso 1967-1968, reside en Posadas como administrador del noviciado. Al clausurarse la casa, es trasladado a Palma del Río, donde transcurrirá el resto de su vida.

Su salud sufre un serio deterioro: durante casi un año sufre muchas molestias y una gran debilidad. Fallece el 25 de mayo de 1976 en Palma del Río, a los 74 años de edad.

Buen administrador de los pocos bienes de que disponían las casas salesianas, supo sacar partido de ellos. Trabajador y constante. De buenas relaciones sociales, llegó al corazón de los hermanos y las personas que lo rodearon.