Sanz Victoria, José María

José María Sanz Victoria

Sacerdote (1928-2018)

Nacimiento: Cervera del Maestre (Castellón), 10 de marzo de 1928
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts (Barcelona), 16 de agosto de 1946
Ordenación sacerdotal: Tibidabo-Barcelona, 26 de junio de 1955
Defunción: Barcelona-Martí-Codolar, 2 de enero de 2018

El padre José María Sanz Victoria nació el día 10 de marzo de 1928 en Cervera del Maestre, un pueblo de la provincia de Castellón, hijo de una familia cristiana formada por los esposos José María y Mercedes, que educaron en la fe y las buenas costumbres a sus hijos, dos de los cuales, José María y Francisco, serían, con el correr de los años, sacerdotes salesianos.
José María hizo el noviciado en Sant Vicenç dels Horts, donde profesó como religioso salesiano el 16 de agosto de 1946, cumplidos los 18 años. Acabado el noviciado, cursó los estudios de filosofía en Gerona. El tirocinio lo realizó durante tres años en Burriana, donde el día 1 de enero de 1951 emitió los votos perpetuos. A continuación, desde 1951 hasta 1955, se dedicó a los estudios de teología en Martí-Codolar. Y al terminar dichos estudios fue ordenado sacerdote en el Tibidabo, el 26 de junio de 1955. Años más tarde, complementaría su formación teológica con los estudios de espiritualidad en Roma.
Después de su currículum formativo inicial, José María desarrolló su acción pastoral en Sarrià (dos años), Sant Vicenç dels Horts (un año), Horta (seis años como ecónomo y seis como director), aspirantado de Gerona (seis años como director), los Hogares Mundet (tres años) y Sant Boi de Llobregat (cuatro años como ecónomo). Pero fue el Tibidabo el lugar en que, en dos etapas, desarrolló el padre José María su labor sacerdotal y salesiana durante un dilatado período de 29 años como ecónomo y dos veces como director de la comunidad.
Cuando su quebrantada salud, en agosto de 2014, hizo aconsejable su traslado a la residencia de hermanos mayores y enfermos de Martí-Codolar, no le resultó nada fácil a nuestro hermano dejar el templo del Tibidabo en el que durante tantos años había ejercido su ministerio. Lo llevaba en el corazón. De hecho, muchas veces, en estos últimos meses, cuando le visitabas, te decía: «Ya tengo todo preparado para ir al Tibidabo. Vamos para allá».
La salud de José María poco a poco se fue debilitando hasta que, de forma imprevista, la tarde del 2 de enero de 2018 le visitó el Señor para abrirle sus brazos de Padre y acogerlo para siempre en la casa paterna.
Vale la pena recordar ahora aquellos rasgos que definieron más profundamente su persona y su ser de religioso salesiano y sacerdote.
Desde el punto de vista humano, es recordado como un compañero amable, educado, simpático, una persona responsable que se interesaba por las tareas que tenía encomendadas con tenacidad y las vivía con intensidad. Por otro lado, tenía dotes de artista con un estilo propio, que todavía hoy se puede admirar en diversas estancias del templo del Tibidabo.
Fue un religioso salesiano íntegro, centrado en lo que realmente era el fundamento de su vida: el amor a Jesucristo, sobre todo en su presencia eucarística y a María Auxiliadora de los cristianos. En su estancia en Roma conoció el movimiento eclesial de los Focolares, y la espiritualidad de este movimiento marcó también su propia vivencia espiritual.
José María fue, además, un apóstol entregado con ardor a la misión que tenía encomendada en cada momento. En sus primeros años de vida apostólica, estuvo al servicio de la educación y la evangelización de los niños y jóvenes, a los que se dedicó con entrega. Más tarde destacó por su fidelidad y constancia en estos aspectos de su ministerio pastoral:
– Fue un incansable dispensador del sacramento del perdón sobre todo en el templo del Tibidabo y en su atención ministerial a comunidades de religiosas. De algunas de ellas, fue confesor habitual durante 30 años.
– En el Tibidabo trabajó intensamente por impulsar la adoración perpetua del Santísimo Sacramento y por atraer a nuevos adoradores. La devoción al Corazón de Jesús procuraba transmitirla a cuantos frecuentaban el templo.
– Se interesó vivamente por la Sábana Santa, como icono venerable de Cristo, el Señor. Esto le llevó a montar una exposición, con la ayuda de materiales que le cedió el padre Carreño y con su propia creatividad. Para él era un motivo de satisfacción y un auténtico acto de evangelización presentar esta exposición.
– Su vivencia interior y su capacidad artística se manifestaba en la realización de otras exposiciones como la dedicada a la Virgen María o la que presentaba los santos y beatos de la Familia Salesiana.
El padre José María nos dejó el testimonio de una vida religiosa y sacerdotal coherente y entregada. Fue una buena persona y un hombre de Dios.