Antonio Sardón Rodríguez
Sacerdote (1908-1991)
Nacimiento: Espadaña (Salamanca), 30 de noviembre de 1908
Profesión religiosa: San José del Valle, 14 de marzo de 1926
Ordenación sacerdotal: Turín, 5 de julio de 1936
Defunción: Sevilla-Trinidad, 27 de junio de 1991
Nace en el pueblecito salmantino de Espadaña, semillero de vocaciones. En él recibió la llamada del Señor, que consolidó en el aspirantado de Cádiz, y rubricó en San José del Valle con el noviciado, clausurado con la profesión religiosa el 14 de marzo de 1926.
A continuación realizó allí mismo los estudios filosóficos.
Su trienio de cinco años lo realiza en las casas de Utrera, Córdoba, donde obtiene el título de Maestro de Enseñanza, y Montilla.
Inicia los estudios de teología en Carabanchel Alto y los continúa en Turín-La Crocetta, recibiendo la ordenación sacerdotal el 5 de julio de 1936, en la basílica de María Auxiliadora de Turín.
Estrena su ministerio sacerdotal, como consejero escolástico, en Sevilla-Triana (1936-1938), para continuar por un quinquenio en Montilla, como encargado del externado, del oratorio y de los antiguos alumnos. Con ellos fundó la hermandad del Cristo del Amor.
Sus 15 años de director los reparte entre Écija (1943-1949), Cádiz (1949-1952) y la Institución Sindical Virgen del Carmen de Puerto Real (1952-1958).
Después, dada su experiencia en el campo sindical y en la formación profesional, es destinado a la Universidad Laboral de Sevilla, donde pasará 19 años (1959-1978). Será muy apreciado por su cercanía, sencillez y amabilidad entre los jóvenes, el personal de servicio y los trabajadores adultos asistentes a los cursos de capacitación social.
Una nueva experiencia pastoral la vivirá en el Centro de Estudios Catequéticos (CEC). Enviado como secretario del mismo (1978-1986), don Antonio era valorado como hombre ordenado, exquisito en el trato y atento con el alumnado.
Al comenzar a resentirse su salud, recala hasta su muerte (1986-1991) en la casa de la Santísima Trinidad de Sevilla como encargado de la biblioteca y siempre dispuesto a atender a los alumnos en el confesionario o en cualquier servicio pastoral. Fue también capellán y confesor de dos hermandades de Sevilla, a las que los sábados y domingos dedicaba de lleno su servicio pastoral.
Fue un hombre enamorado de su vocación, con un gran amor a la Congregación, espíritu inquieto en lo pastoral, amante de las tradiciones salesianas, centradas fundamentalmente en su amor a María Auxiliadora y Don Bosco y en la vida sacramental de los alumnos.
Antonio fue perdiendo sus energías y vitalidad características. Ante el avance del cáncer, se recurrió a una intervención quirúrgica que no tuvo el resultado esperado. Y don Antonio nos dejaba a la edad de 82 años, con la paz y serenidad que lo caracterizaban, el 27 de junio de 1991.