Raimundo Sendino Ortega
Coadjutor (1938-2018)
Nacimiento: Astudillo (Palencia), 22 de mayo de 1938
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1956
Defunción: Vigo, 26 de agosto de 2018
Raimundo era uno de los tres hermanos salesianos de la fervorosa y muy salesiana familia formada por Raimundo Sendino y Pilar Ortega. Nació en Astudillo, donde tantas y buenas vocaciones han salido, el 22 de mayo de 1938.
En el mismo pueblo frecuentó primero las escuelas populares e ingresó después en el colegio salesiano del pueblo, donde comenzó su aspirantado, que completó en Arévalo, Madrid-Atocha y Zamora, donde fue formando su personalidad humana, religiosa y profesional. Hecho el noviciado y la primera profesión en Mohernando, el 16 de agosto de 1956, fue inmediatamente enviado al Colegio Hogar San Roque de Vigo y, caso más único que raro, fue solo este el colegio donde se desarrolló toda su vida salesiana. Se adaptó pronto y bien al ambiente y al trabajo entre aquellos niños necesitados, muchos venidos de zonas rurales, donde tenían con pocas posibilidades de promoción social y que, becados por la Caja de Ahorros Municipal de Vigo, encontraban en el Colegio Hogar su única y buena posibilidad de formarse profesional y religiosamente para ser como decía Don Bosco “honestos ciudadanos y buenos cristianos”. En los más de 60 años que Raimundo trabajó con gran intensidad profesional y religiosamente en el Colegio, pasaron por sus manos miles de alumnos, que hoy ejercen un puesto digno, y algunos incluso eminente, en la sociedad.
Por su cercanía, su gran radio de actividad, su veteranía y su interés por cada uno de los alumnos, Raimundo se convirtió en el centro de unión de las generaciones que en los años se iban sucediendo. Todos veían en don Raimundo el excelente maestro, el buen amigo y al consejero sapiente de sus vidas. Recibió, por ello, numerosos reconocimientos oficiales por parte del Ayuntamiento y de otras corporaciones, como la de Artes Gráficas de la ciudad de Vigo; fue galardonado con el título de “Ciudadano Distinguido de Vigo por su total entrega a su taller escuela y por la promoción del deporte”. Se sirvió precisamente el deporte, sobre todo del futbol, como el mejor instrumento para atraer al colegio a numerosos niños y jóvenes de la ciudad. Aunque en Los últimos años de su vida se vio limitados por graves y dolorosas enfermedades, que soportó con admirable estado de ánimo, nunca abandonó del todo su trabajo. Varias veces estuvo a punto de morir, pero se recuperaba y volvía siempre con optimismo a la vida ordinaria, fiel a sus prácticas de piedad, a los actos de comunidad y a su atención a los chicos y a los antiguos alumnos.
Se mantuvo siempre muy unido a los suyos y vivir la Semana Santa en su pueblo de Astudillo era un verdadero ejercicio espiritual. Se preocupaba de que nunca faltaran los libros con las canciones que se cantaban en las procesiones.
Su muerte fue todo un acontecimiento luctuoso en Vigo. Dos días estuvo expuesto su cadáver en la capilla del colegio y fue un desfile constante de salesianos y familiares, de equipos de futbol con sus equipajes, de antiguos alumnos, de muchas personas de la zona, que querían demostrar el cariño agradecido hacia quien durante tanto tiempo y con tanta entrega había dedicado su vida a ayudarlos y quererlos.
Descansa en el pabellón salesiano del cementerio de Vigo.