Suescun Gil, Antonio

Antonio Suescun Gil

Coadjutor (1939-2026)

Nacimiento: Barakaldo (Vizcaya), 16 de abril de 1939
Profesión religiosa: Mohernando, 16 agosto 1958
Defunción: Madrid, 14 de septiembre de 2026

Antonio había nacido en Barakaldo en la sencilla familia formada por Gregorio e Isidra que encauzaron la vida de sus hijos en los valores humanos y cristianos. A Antonio pronto le inscribieron en el Colegio Salesiano “San Paulino de Nola” de Barakaldo para los primeros años de enseñanza, desde los 7 a los 13 años; aquí respiró el ambiente salesiano y la devoción a Don Bosco y a María Auxiliadora, con buen clima de animación vocacional.

Pero fue en la Escuela de Maestría Industrial, en la que colaboraban algunos salesianos, donde un grupo de estudiantes se anima a seguir los pasos de Don Bosco. Entre ellos está Antonio. Su camino en la vida salesiana es sencillo; sus comienzos con tres años de aspirantado en San Fernando-Madrid, noviciado en Mohernando con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1958, etapa de perfeccionamiento en Atocha.

Posteriormente sus casas de referencia, en las que ha estado bastantes años y en diversas etapas, son: Atocha, Carabanchel, Madrid-Domingo Savio. En ellas se ha implicado profundamente en la renovación y actualización de la Formación Profesional, desempeñando cargos de gestión y de dirección. La vitalización de la Formación Profesional es un rasgo característico de Antonio como expresión de su vocación salesiana. También en ámbito nacional ha realizado sus aportaciones significativas, así como la relación amplia con antiguos alumnos y empresas que apoyan la Formación Profesional.

Otro rasgo característico de Antonio es su vocación de coadjutor, que vivió con entusiasmo y trató de transmitir en todo momento, no solo en la etapa que estuvo como formador en el seminario de coadjutores que tenía la inspectoría. Su participación en el Congreso Internacional sobre la figura del coadjutor salesiano (1975) es un botón de muestra de este entusiasmo por la vocación de coadjutor. Cabe señalar también su aportación como coadjutor en el Consejo lnspectorial en dos etapas de su vida salesiana.

Y la participación como invitado en el CGE (1971) fue una experiencia que le marcó profundamente, para entusiasmarse más en la vocación salesiana y para asimilar con más profundidad el espíritu salesiano renovado; y le permitió tener una perspectiva más amplia de la Congregación, como solía repetir con orgullo.

Hay que destacar también en Antonio su espíritu apostólico que cuidó dentro de su campo de trabajo y en algunas colaboraciones con grupos de jóvenes y antiguos alumnos; ya jubilado colaboró como voluntario en la Procura de Misiones contactando con empresas y proyectos en favor de jóvenes necesitados promovidos por la Procura.

Damos gracias a Dios por la vida de Antonio Suescun, por su entrega como salesiano coadjutor durante toda su vida; y pedimos a María Auxiliadora que le presente ante el Señor como trabajador fiel en su viña. Pedimos también al Señor nos bendiga con vocaciones de salesianos coadjutores al estilo de Antonio.