Tejido Parra, Ramiro

Ramiro Tejido Parra

Sacerdote (1914-2005)

Nacimiento: Boadilla del Camino (Palencia), 13 de marzo de 1914
Profesión religiosa: Chieri-Villa Moglia (Italia), 8 de septiembre de 1932
Ordenación sacerdotal: Santiago de Chile (Chile), 30 de noviembre de 1941
Defunción: Logroño, 24 de abril de 2005

Nació en Boadilla del Camino (Palencia), cerca de Astudillo. Apenas fundado este seminario misionero, allí se fue con 12 años. Hizo el noviciado en Villa Moglia (Chieri, 1931-1932), estando presente en la imposición de sotana don Felipe Rinaldi.

Acabado el noviciado, marchó con 17 años misionero a Chile. Hizo los estudios filosóficos en casa Macul-Santiago, después de los cuales fue como tirocinante al colegio La Gratitud-Liceo San Juan Bosco de Santiago. Finalizado el trienio, hizo los estudios de teología en la casa La Cisterna de Santiago (1938-1941), donde fue ordenado sacerdote.

Después de la ordenación sacerdotal estuvo de catequista y luego de ecónomo en Macul. Pasó a ser director de Linares y posteriormente de Valparaíso. Tras otros dos años más como director en Santa Filomena, fue nombrado padre maestro de novicios y director en Quilpué.

En estos años coincidió con don José Nicolussi, don Juvenal Dho, con don Egidio Viganò (futuro Rector Mayor) y con don Raúl Silva Henríquez, al que vio ser consagrado obispo de Valparaíso. Marchó para Ecuador, donde fue director y padre maestro de novicios en Cayambe.

Después de 33 años entre Chile y Ecuador, regresó a España en 1965. Fue destinado a la casa de Urnieta como vicario, después a Logroño-Domingo Savio como director y de nuevo a Urnieta como director. En 1978 fue a Salamanca como ecónomo de la residencia universitaria para salesianos que estudiaban en la Universidad Pontificia de Salamanca. Después entre Logroño, Procura de Misiones y de nuevo Logroño, pasan unos años hasta que no tiene más remedio que marchar a la comunidad de mayores Don Zatti.

Fue un maestro de cómo vivir nuestra vida con sencillez, profundidad y coherencia. Expresaba su preocupación por la falta de educación cristiana en las familias y su cariño hacia los jóvenes procedentes de familias desestructuradas.

Don Ramiro enseñó a dar gracias a Dios por la creación y por los campos; por las siembras y las cosechas; por el canto de los pájaros, por los árboles, las flores, el sol, la sombra. Parecía que la naturaleza le hablara y él era generoso en cuidarla y embellecerla. Los jardines de la casa de Logroño Domingo Savio son reflejo de su constancia y de la enseñanza que nos quiso dejar, sin palabras, de que la naturaleza también es reflejo de la bondad y cercanía de Dios.

Como hombre de Dios, don Ramiro enseñó a ser personas de fe insistiendo en cuatro grandes regalos que nos ofrece la Congregación en las Constituciones: la eucaristía, la visita al sagrario, la meditación de la Palabra de Dios y el ejemplo de María Auxiliadora.

Nos dejó a los 91 años de edad, sin hacer ruido, sin querer causar molestias, como fue su modo de vivir.