Ramón Zabalo Alcain
Sacerdote (1849-1932)
Nacimiento: Urnieta, 18 de julio de 1849
Profesión religiosa: Sarrià, 7 de diciembre de 1894
Ordenación sacerdotal: Lérida, 7 de abril de 1897
Defunción: Madrid, 22 de noviembre de 1932
Nació en Urnieta (Guipúzcoa) el 18 de julio de 1849. Su padre, don José Antonio, era maestro, recto, severo hasta con sus ocho hijos, no solo con los alumnos. Su madre, doña Joaquina, era bondadosa, emotiva y con ternura. Los dos se complementaban y formaban la pareja perfecta para un hogar de cristianísima impronta. Todos eran creyentes por condición y por herencia. A la muerte de su padre, Ramón quedó al frente de su numerosa familia. Tenía 20 años y poseía el título de maestro nacional. Abrió un colegio privado que tuvo una inesperada acogida, aun por parte de las familias liberales, contrarias a la ideología católica, que profesaba don Ramón. Cuando los escolapios se establecieron en Tolosa, absorbieron el colegio y don Ramón se vio precisado a cambiar de sitio y de profesión. De la enseñanza pasó al comercio y de Tolosa a Zaragoza. Allí entró como contable de una casa comercial de hierro y carbón mineral. Zaragoza fue su mejor teatro de operaciones. Se hizo empresario y ejerció el apostolado social, dando vida a diversas asociaciones: la de Comerciantes, la de Dependientes, de Maestros Católicos, Círculo Obrero, Bolsa de Trabajo, Cooperativa de San José, etc. Fundó la «Sociedad recreativa del comercio» y publicó a una revista de carácter religioso llamada El Pilar.
La fama de sus actividades llegó a conocimiento de don Rinaldi en Barcelona, que sintió curiosidad por conocer la obra y al fundador en persona. Se presentó un día en Zaragoza. Don Ramón le puso al tanto de todo y don Rinaldi, sorprendido de lo que veía y del estilo con que se había llevado a cabo, le dijo admirado: «Nos habéis imitado en todo» y definió la Sociedad Recreativa como «un oratorio salesiano sin salesianos». Desde entonces mantuvo una buena amistad con don Rinaldi. Don Zabalo tenía solo una noticia vaga de Don Bosco. Supo que buscaba dinero para sus obras sociales. Generoso y con la misma preocupación que el santo, le mandó un donativo. Don Bosco le contestó con una tarjeta de agradecimiento.
En 1991, don Ramón, más sugestionado ya por lo salesiano, fue a Turín y se presentó a don Rua con una carta escrita por don Rinaldi. Don Rua lo recibió como era de esperar, le hizo visitar los lugares salesianos y encargó a don Camilo Ortúzar que lo acompañase por Turín. Así nació la vocación explícita de don Ramón y el propósito de hacerse salesiano, que implícitamente ya lo era. Tenía 43 años. En Sarrià estudió latín y filosofía. Al mismo tiempo, llevaba la contabilidad de la casa, daba clases, redactaba unos programas de enseñanza y componía una Aritmética Práctica que serviría como libro de texto. Profesó el 7 de diciembre de 1894. En 1895 fue a la casa de Sant Vicenç dels Horts como personal fundador y como administrador. Daba clase a los aspirantes, estudiaba teología y hasta hacía de cocinero. Durante ese tiempo recibió también las órdenes del subdiaconado, el diaconado. Fue ordenado sacerdote en Lérida el 7 de abril de 1987.
Ese mismo año fue destinado a Barakaldo como fundador, director y socio único. Durante algún tiempo tuvo que vivir en una pensión, dirigiendo las obras. En enero de 1899 llegaron los primeros salesianos y se inauguraron las Escuelas de Enseñanza Primaria, que fueron visitadas por don Rua. La actividad más en auge y la preferida de don Ramón fue el oratorio. Para el oratorio y sus catequesis escribió Tardes cristianas, manual que rigió durante años en el colegio y fuera de él.
El 28 de octubre de 1904 moría en Italia el primer inspector de la inspectoría de Madrid, don Oberti. Don Ramón fue el designado para sucederle, a pesar de sus pocos años de vida salesiana. Se despidió de Barakaldo con cierto dolor. Barakaldo recompensó su labor dedicándole una calle, por insigne bienhechor y maestro. Como inspector le tocó vivir años difíciles. La rápida expansión de la Congregación en España, una cierta falta de cohesión, la falta de personal con formación, los directores, muchos de los cuales eran italianos, más inclinados a entenderse directamente con los superiores mayores que con el inspector, la salud de don Ramón, menos robusta de lo que el cargo exigía y también su menor dotación para gobernar una inspectoría en crecimiento que para dirigir ejemplarmente unas escuelas, etc., fueron los motivos que hicieron que su gestión no fuera tan exitosa y brillante como lo habían sido el resto de sus otras actividades. Construyó la iglesia de Atocha y terminó la casa de Carabanchel.
En 1911 volvió de nuevo a Barakaldo como director. Sucedía a don Tabarini, hombre de grandes ideas, proyectos avanzados, hábil recaudador de dineros, pero de cuentas poco aquilatadas. La primera incumbencia fue pagar las deudas contraídas y hacer que el colegio volviera a caminar por los rumbos que primitivamente se le habían trazado. Terminado su segundo mandato, pasó por las casas de Sarrià, Carabanchel, Astudillo y Paseo de Extremadura. A finales de 1932, una herida que venía arrastrando desde los primeros años de Barakaldo se le enconó de manera maligna y lo puso al borde de la muerte. Dándose perfecta cuenta de la gravedad, mandó venir a su confesor, don Enrique Sáiz. Arregló sus cuentas con la claridad del buen contable que había sido y se puso en las manos de Dios. Murió en la madrugada del 22 de noviembre de 1932, a los 83 años.
Don Ramón Zabalo fue un hombre de profunda piedad, humilde y siempre disponible, un incansable trabajador, un apóstol y un buen pedagogo. Escribió algunas obras para la instrucción de la juventud, que tuvieron gran difusión. Fue un entusiasta de la catequesis. La muerte le sorprendió mientras preparaba el manual La ayuda del catequista.