Andrés Avelino Santidrián Castro
Sacerdote (1942-2026)
Nacimiento: Astudillo (Palencia), 24 de octubre de 1942
Profesión religiosa: Astudillo, 16 de agosto de 1960
Ordenación sacerdotal: Cuiabá (Brasil), 25 de julio de 1970
Defunción: Arévalo, 26 de junio de 2026
Andrés Avelino nació en Astudillo el 24 de octubre de 1940, un pueblo que lleva impreso el espíritu salesiano profundamente y en el que han brotado abundantes vocaciones salesianas. Su padre Antonio y su madre Anastasia le educaron cristiana y salesianamente, en un ambiente familiar acogedor. Allí hizo la primera parte del aspirantado, que completó en Allariz y Cambados.
No es fácil trazar en España la trayectoria salesiana de Andrés Avelino, pues la mayor parte de su vida transcurrió como misionero en Brasil, en la Inspectoría de Campo Grande (1963-2004). Una vez concluido el Noviciado en Astudillo (1960) y su primera fase formativa de Postnoviciado en Medina del Campo (1960-1963), Andrés Avelino marchó de misionero a Brasil. Había prendido fuerte en él la impronta de seminario de misiones que tenía Astudillo, y su entrega generosa a la vocación salesiana la canalizó solicitando ir a misiones, donde permaneció más de 40 años.
En Brasil-Campo Grande completó su formación inicial de tirocinio (Cuiabá) y Teología (Sao Paulo), con la ordenación sacerdotal en Cuiabá (Brasil) el 25 de julio de 1970. Los años transcurridos en Brasil han sido fecundos en su entrega, desempeñando, además del trabajo ordinario de todo salesiano (educador, profesor de Matemáticas…), el servicio de Director en Corumbá y de Ecónomo en las casas de Corumbá, Araçatuba y Campo Grande.
Ya con 62 años, en 2004, regresa de nuevo a España, donde tiene que ubicarse nuevamente en la sociedad y cultura, muy distintas de las que él dejó, e integrarse en una Inspectoría diversa a la que conoció como salesiano recién profeso. Después de dos años en la casa de Ourense, Andrés Avelino fue destinado a la casa de Santiago de Compostela, asumiendo el servicio de ecónomo durante sus 16 últimos años de vida.
Avelino era un salesiano callado y sufridor, que no quería molestar a los que vivían con él. Y al mismo tiempo, un salesiano trabajador, siempre sin hacer ruido, al servicio de la comunidad, sin querer destacar. Era también muy autoexigente consigo mismo y con sus responsabilidades. Nunca echaba la culpa a nadie, y sufría cuando no podía atender con perfección alguna encomienda que tenía. Nunca se le oyó hablar mal de nadie.
Quienes han pasado por la casa de Santiago de Compostela estos últimos años habrán podido apreciar la figura discreta de Andrés Avelino, que con su sencillez acogía a quienes por ahí peregrinábamos. Siempre preocupado de que las cosas de la casa estuvieran a punto, como ecónomo de la comunidad. Atendía con paciencia, hombre de pocas palabras, más dado a la escucha y atención de las personas que a la elocuencia.
Ha dado testimonio de estos rasgos hasta que la enfermedad del cáncer hizo mella en él y fue necesario su traslado a la casa de salud de Arévalo. Agradecemos al Señor la vida de nuestro hermano Andrés Avelino Santidrián, ejemplo de vida espiritual salesiana sencilla y de entrega generosa y sacrificada en las diversas encomiendas que el Señor le ha confiado.