Bandrés Sánchez, Francisco

Francisco Bandrés Sánchez

Sacerdote (1896-1936)

Nacimiento: Hecho (Huesca), 24 de abril de 1896
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 10 de septiembre de 1913
Ordenación sacerdotal: Manresa, 30 de julio de 1922
Defunción: Barcelona, 3 de agosto de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Juan Pablo II, el 11 de marzo de 2001

Nació en el espléndido valle de Hecho (Huesca), el 24 de abril de 1896. Al poco de su nacimiento, su familia se trasladó a la capital de la provincia. En 1903 se abría el colegio salesiano y Francisco ingresaba en él. Allí prendió en su alma la llama de la vocación salesiana.

Hizo el aspirantado en El Campello y el noviciado en Carabanchel Alto, donde profesó el 10 septiembre de 1913. Cursó los estudios de filosofía en El Campello y fue enviado para el trienio práctico a las escuelas de San José de Rocafort. Hizo la teología en Mataró, alternando los estudios con las clases en el colegio. Fue ordenado sacerdote en la Santa Cueva de Manresa el 30 de julio de 1922.

El niño oscense, inteligente y simpático, se había hecho todo un hombre, un hombre bien conformado, dotado de recia personalidad y con un carácter serio y exigente, revestido de exquisita afabilidad, que se ganaba la simpatía de todos.

Amaba la música. Tenía facultades especiales para ella y la estudió. Tocaba magistralmente el armonio y el órgano, y dirigía masas corales con gran maestría. Y era, además, un maestro excelente, que enseñaba muy bien matemáticas e historia.

Tanto en la docencia como en las tareas sacerdotales destacaba su ejemplaridad religiosa y su buen criterio. Llegó a gozar de tal autoridad y tan buena fama, que los superiores lo pusieron al frente del importante colegio de Mataró. Seis años lo dirigió.

Al terminar el sexenio, fue trasladado a la dirección de la gran casa de Sarrià. En ella le tocó sufrir las angustias de las jornadas revolucionarias de octubre de 1934 y los inicios sangrientos de julio de 1936. Apenas se dio cuenta de la magnitud de la catástrofe que se echaba encima, se preocupó por la seguridad de los alumnos. Ordenó también que se proveyera a cada salesiano de cierta cantidad de dinero y de señalar un lugar seguro donde acogerse en el caso de tener que abandonar el colegio.

El día 21 de julio por la tarde, las previsiones se hicieron realidad. Después del asalto al colegio, los salesianos fueron expulsados.

Don Francisco, junto con don Celedonio Macías, encontró cobijo en casa de su hermana Pilar, donde los primeros días se sentían relativamente seguros, salían de casa y hacían en común sus rezos. Pero apenas tuvieron noticias de la muerte de algunos religiosos, temieron. El día 3 de agosto, el padre Bandrés intentó sin suerte conseguir un pasaporte para tomar el tren y dirigirse al extranjero. Contrariado, regresó al domicilio de su hermana.

Pero aquella misma noche se presentaron tres milicianos. Preguntaban por el salesiano Ramón Cambó Torras, administrador de Sarrià. Al no encontrarlo, querían llevarse a don Celedonio Macías. El padre Bandrés intervino categóricamente: «¡Yo soy el director!». Fue su sentencia de muerte, pues fue inútil que tratara de defender ante los agresores el bien social que desarrollaban los salesianos en Sarrià. Se lo llevaron, parece ser, a la checa, instalada en los bajos del hotel Colón de Barcelona, sede del Partido Obrero Unificado Marxista (POUM). Y ahí se pierden sus huellas.