Pedro Alejandrino Izquierdo Alonso
Sacerdote (1928-2020)
Nacimiento: Quintanilla del Agua (Burgos), 26 de noviembre de 1928
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1945
Ordenación sacerdotal: Madrid, 27 de junio de 1954
Defunción: Madrid, 30 de marzo de 2020
Nació Pedro en el pueblo burgalés de Quintanilla del Agua. Algo debe tener ese pueblo para haber dado buenos salesianos y excelentes poetas, él uno de ellos, pero no el único, pues Luis Lozano, no le va a la zaga. Sus padres fueron Eduardo Izquierdo y Juliana Alonso, de entre sus hijos salieron dos sacerdotes, Pedro y Manuel. Tras los estudios primarios en su pueblo pasó al seminario salesiano para hacer los estudios previos al noviciado, que realizó en Mohernando del 16 de agosto de 1944 al 16 de agosto de 1945, día en que hizo su profesión religiosa. Eran los años difíciles de la postguerra, que exigían grandes sacrificios y privaciones. Los estudios de filosofía los cursó en el mismo Mohernando. Fue enviado a hacer el trienio práctico al aspirantado de Arévalo, llevando consigo los aires de poeta que lo inspiraban y que quería insuflar en los aspirantes. Terminado el trienio pasó al estudiantado teológico de Carabanchel donde fue ordenado sacerdote el 27 de junio de 1954. Tras ejercer durante algunos años el ministerio sacerdotal en España, pidió ir como misionero a Venezuela. De 1979 a 1987 estuvo en la casa de Altamira-Caracas, donde fue director durante los años 1969 a 1972 y consejero inspectorial de 1970 a 1975. En 1987 volvió a España y fue destinado a la casa de Madrid-Estrecho, donde permaneció hasta 1999. Desde Estrecho se desplazaba diariamente para enseñar literatura en Centro de Estudios Salesiano (CES). En 1999, terminada la docencia en dicho centro, fue destinado a la casa de Madrid-Atocha, donde ejerció como muy solicitado confesor y director espiritual. Como excelente poeta escribió muchos poemas de carácter sobre todo religioso. Fue también un excelente colaborador en los centros de recreo de las colonias veraniegas, donde dejó huellas de su habilidad y maestría en el adecentamiento de los locales, sobre todo en La Cabrera y en Ladrada.
En los últimos años sufrió varios achaques en su salud, pero siempre se recomponía y seguía ejerciendo su infatigable oficio de confesor. Inesperadamente, sin embargo, el día 30 de marzo murió repentinamente, sin que se le hubiera detectado ningún síntoma de coronavirus.
Su muerte fue muy sentida y su recuerdo sigue muy vivo entre en la parroquia-santuario de María Auxiliadora de Atocha.