José Bonet Nadal
Sacerdote. Mártir (1875-1936)
Nacimiento: Claravalls (Lérida), 26 de diciembre de 1875
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts (Barcelona), 14 de noviembre de 1897
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 2 de abril de 1904
Defunción: Barcelona, 13 de agosto de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Juan Pablo II, el 11 de marzo de 2001
Nació en Claravalls (Lérida) el 26 de diciembre de 1875. Conoció a los salesianos a través de la lectura de un artículo sobre Don Bosco y la juventud en el Boletín Salesiano. «Fue tanto lo que me gustó aquella lectura —confesaba en 1902— que desde aquel día tomé la resolución de entrar cuanto antes en la Congregación Salesiana».
Profesó en Sant Vicenç dels Horts el 14 de noviembre de 1897, y fue ordenado sacerdote en Sevilla el 2 de abril de 1904. Era primo hermano de don Jaime Bonet, salesiano y mártir, como él.
Llevó una intensa vida salesiana especialmente en tierras de Andalucía, hasta que, en 1930, se incorporó a la comunidad de Barcelona-Rocafort. Fue confesor y encargado de los cooperadores. Don Basilio lo recuerda como una persona de estatura media, ancho cuerpo, cabello abundante y blanco, ojos vivos y rápido andar. Poseía un extraordinario don de gentes, merced a su trato agradable, sencillo y humilde. Desde las escuelas salesianas de San José de Rocafort recorría incansable las calles de la ciudad en busca de medios para mantener las vocaciones salesianas.
Al estallar la Guerra Civil, encontró refugio en casa de su tía viuda, doña Trinidad Puigcernau. Según ella, durante aquel período de tiempo —un mes— se dedicaba a las prácticas de piedad y a la oración; su actitud era de una cierta impaciencia por aquel estado de cosas, pero no protestaba, ni perdía la serenidad ni su presencia de ánimo.
Un día —el 13 agosto—, se presentaron en el domicilio de doña Trinidad unos 10 milicianos, que le obligaron a que sacara del escondite al padre Bonet. Este es el testimonio de doña Trinidad y su hija:
«“¿Quién es Ud.?”, —le preguntaron. Desabrochándose la chaqueta y mostrándoles el crucifijo que llevaba colgando, dijo: “Soy un padre salesiano que se dedica a pedir dinero a los ricos para dárselo a los pobres. Como ustedes han quemado mi casa, he tenido que venir a refugiarme aquí”. Le arrancaron con violencia el crucifijo que llevaba al cuello, diciendo: “Esto nos servirá de metralla”». Doña Trinidad y su hija no pudieron impedir su secuestro. Él les bendijo y elevando los ojos al cielo dijo: «Adiós, ya está todo listo».
Los milicianos se lo llevaron preso y lo asesinaron junto al cementerio nuevo (El Morrot). A las cinco de la mañana del día 14 de agosto, su cadáver ingresaba en el Hospital Clínico de Barcelona.