Olmedo Morilla, Francisco

Francisco Olmedo Morilla

Sacerdote (1908-1981)

Nacimiento: Sevilla, 31 de julio de 1908
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1925
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 15 de junio de 1935
Defunción: Carmona (Sevilla), 12 de enero de 1981

Había nacido el último día de julio de 1908 en el número 17 de la sevillana calle Sol. Cuando, en mayo de 1912, es confirmado por el cardenal Almaraz, ya vivía en Morón de la Frontera, de donde tantos lo creyeron nativo. A los 10 años, como alumno interno en el cercano colegio de Utrera, estudia ya elementales (1918-1920) y siente la llamada a quedarse con Don Bosco.

Luego recorre con regularidad las distintas etapas de la formación inicial: en Cádiz, el aspirantado (1921-1924); en San José del Valle, el noviciado, concluido con la profesión religiosa el 10 de septiembre de 1925, y a continuación filosofía; el trienio, en Las Palmas de Gran Canaria; y en Carabanchel Alto, los estudios de teología, coronados con la ordenación sacerdotal el 15 de junio 1935.

Destinado a Arcos de la Frontera, durante cuatro años realiza la labor de consejero. De allí pasa a Cádiz, como encargado del externado, camino de Fuentes de Andalucía, siempre como consejero escolástico, donde también su simpatía y salesianidad dejaron honda huella en los alumnos y en el pueblo, que lo siguió reclamando hasta su muerte para los cultos en honor de María Auxiliadora. Don Francisco no faltó nunca a la romería de Fuentes, que tiene por patrona a la Virgen de Don Bosco.

Al cerrarse la casa, pasa a la vecina casa de Carmona y después a la de Utrera. En ella transcurrirá casi 30 años (1949-1978), al frente del ingreso del antiguo bachillerato.

Después de este largo y fecundo período utrerano, en el año 1978 vuelve a Carmona, donde prosiguió infatigablemente su labor docente y sacerdotal con la predicación y dirección espiritual de la Hermandad de la Amargura, reorganizando los célebres «Soldaditos», simpático y popular batallón infantil con su banda de cornetas y tambores, y la Asociación de Antiguos Alumnos.

Las múltiples cualidades humanas y religiosas las podríamos compendiar en su destacado carisma salesiano y sacerdotal. Siempre con el chascarrillo ocurrente, afable y delicado, ponía un colorido de alegría en donde estuviera y levantaba el ánimo de quien lo necesitara. Servicial al máximo, se hallaba presto a cumplir cualquier misión que se le encomendara. Los que convivieron con él lo retratan ordenado y constante, incansable y servicial, sin extravagancias pero sin dejar nunca el arado ni la siembra.

Y le falló el corazón, desgastado de tanta brega. Fue encontrado sin vida en el lecho al amanecer del 12 de enero de 1981. Tenía 72 años.