Andrés Aparicio del Cerro
Clérigo (1914-1938)
Nacimiento: San Martín de Ubierna (Burgos), 28 de febrero de 1914
Profesión religiosa: Mohernando, 12 de octubre de 1931
Defunción: Cella (Teruel), 21 de enero de 1938
Nació en San Martín de Ubierna, pueblo campesino y pintoresco de la provincia de Burgos, una aldea de costumbres piadosas y profundamente cristianas, que quedó muy ligado a la Congregación Salesiana por las numerosas y excelentes vocaciones que en todo tiempo le ha proporcionado.
Hizo el noviciado en Mohernando y profesó el 12 de octubre de 1931. Durante los veranos de los años 1935 y 1936, realizó un cursillo en la Academia Militar de Madrid, para poder acogerse al privilegio de cuota. Terminó dicho cursillo el día 28 de junio de 1936. Al día siguiente pasó por Astudillo para despedirse de los hermanos salesianos y recoger algunas pertenencias personales y presentarse, el día 1 de julio, en el cuartel del regimiento de infantería de Valencia.
Allí prestó su servicio, hasta que, estallada la guerra, fue destinado al frente de batalla, en la comarca de Cubillos del Rojo (Burgos), desde donde se pasó al bando contrario.
Reincorporado al ejército, cambió de arma, pasando de infantería a sanidad, por su condición de religioso. Participó en diversas acciones de guerra como enfermero de la Cruz Roja. Nunca quiso llevar armas ni aceptar ascensos; rehusó el grado de teniente que en cierta ocasión le ofrecieron.
Le tocó intervenir en la dura batalla de Teruel, a finales del crudísimo invierno del año 1937. Desde el mismo frente de Teruel, sus padres recibieron un comunicado oficial del médico-comandante del batallón, en el que les decía que su hijo Andrés había sido herido en un pie y en el costado. Lo conducían al pequeño pueblo de Cella (Teruel), cuando la aviación enemiga sorprendió al convoy. La ambulancia en que era conducido quedó completamente deshecha y una granada cortó las piernas del herido. Trasladado con la mayor rapidez al hospital de sangre, ingresó ya cadáver, el día 21 de enero de 1938, a los 23 años de edad.
Sobresalía por su piedad, por su carácter bondadoso, disponible y servicial con todos y para todo. Dotado de gran inteligencia, destacaba especialmente en el campo literario y en su gusto por el arte.
Los aspirantes lo apreciaban mucho por su dedicación sin límite, por su buen carácter y el interés constante por todos sus problemas. Cuando en Astudillo se supo su muerte, se celebró un solemnísimo funeral al que acudieron sus familiares y el pueblo en masa, de manera especial multitud de antiguos alumnos, entre los que gozaba de extraordinaria simpatía.