Filadelfo Arce Díez
Sacerdote (1910-1976)
Nacimiento: San Martín de Ubierna (Burgos), 24 de mayo de 1910
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 16 de agosto de 1929
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 3 de junio de 1939
Defunción: Madrid, 23 de noviembre de 1976
Nació en San Martín de Ubierna, pueblo del que han salido numerosos y excelentes salesianos; basta recordar a los mártires Enrique Saiz y Emilio Arce, hermano de Filadelfo. Fue el noveno de 13 hermanos, hijos de un matrimonio profundamente cristiano que los educó a todos en la fe y en el amor a los demás.
Su currículum formativo resultó bastante movido: en 1924, con 14 años, inició el aspirantado en Barakaldo-Bilbao y lo continuó en Béjar, Astudillo y el Paseo de Extremadura de Madrid. En 1928 inició el noviciado en Carabanchel Alto y allí profesó el 16 de agosto de 1929. Cursó Filosofía en Mohernando y el trienio práctico lo realizó en Béjar. En 1934 comenzó sus estudios de teología en Carabanchel, pero al estallar la Guerra Civil los tuvo que terminar en Salamanca, donde fue ordenado el día 3 de junio de 1939.
En el colegio de María Auxiliadora de Salamanca inició su labor sacerdotal, y de allí pasó a Mohernando, como asistente de novicios y consejero de los estudiantes de filosofía. De 1941 a 1953, trabajó en el colegio de Madrid-Ronda de Atocha, como consejero, primero, y, después, como catequista. Durante esos 12 años, don Fila, como era conocido entre nosotros, fue el gran animador, organizador y conductor de las masas de alumnos, de antiguos alumnos, del círculo Domingo Savio, de los oratorianos. Se convirtió en el hombre providencial que se necesitaba, en aquellos primeros y difíciles años de la postguerra, en que había que recuperar la imagen y el ritmo salesiano y apostólico colapsado durante la Guerra Civil. Poseía en alto grado la virtud de entusiasmar y no se arredraba ante las múltiples dificultades. Tenía, además, el talento natural de ser un excelente diplomático que sabía tratar a toda clase de gente, en coherencia con su lema de darse y dar a los demás las cosas que a él le regalaba Dios. En esos años de su actividad sacerdotal en Atocha, se formó la leyenda de su corazón oratoriano: movía al estudio, a la piedad eucarística, al deporte, a las grandes representaciones teatrales, de inolvidables zarzuelas… y aún le quedaba tiempo y energías para la confesión y dirección espiritual, que serán dos de las aficiones de su vida salesiana, sacerdotal y apostólica.
Del año 1953 a 1960 fue rector de la Universidad Laboral de Zamora, donde volvió a repetir sus mismas características de siempre: emprendedor, optimista, jovial, comunicativo, abierto, a todos… y diplomático con los diplomáticos con los que tenía que tratar, es decir, los hombres fuertes del régimen y del gobierno, responsables directos de las universidades laborales.
De 1960 a 1967, se le confió la puesta en marcha y la dirección de la fundación Masaveu de Oviedo, otra obra que necesitaba mucho tacto, prudencia, paciencia y valentía moral y espiritual.
Finalmente, en 1967 fue destinado a Vigo como rector de la iglesia de María Auxiliadora, convertida en 1970 en parroquia, con don Fila como primer párroco.
En julio de 1973 se vio aquejado de una dolorosa enfermedad, que en pocos meses terminó con su vida. Trasladado a Madrid, fue operado con urgencia y murió el día 23 de noviembre de 1976. Sus restos fueron llevados a Vigo, donde millares de vigueses hicieron cola en la capilla ardiente durante un largo martes, en que el Vigo salesiano formó la guardia ante su cadáver (hoja del lunes 29-XI-1976).
¡Mucho debió querer don Fila para que tanto se le quisiera!
Don Fila fue una figura de singular relieve dentro del policromado retablo salesiano español. Fue un hombre excepcional, de una bonhomía campechana extraordinaria, con un don de gentes que cautivaba, maestro consumado en el arte escénico y coreográfico, de una simpatía hechizadora con los niños, con los jóvenes y con toda clase de personas, porque a nadie excluía de su amistad sincera y abierta. Era un humorista de marca; a las tres virtudes teologales añadía la cuarta: el sentido del humor, el buen humor.
Un dato que merece ser destacado en su trabajo apostólico es su labor en la captación de vocaciones. Muchos eran los que querían estar con don Fila, ser salesianos como él. Fue, sin duda, uno de los salesianos que, como Don Bosco, atraía a sus alumnos para ser como él.