Leandro Ayuso Madejón
Sacerdote (1893-1973)
Nacimiento: Bernuy de Zapardiel (Ávila), 27 de noviembre de 1893
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1919
Ordenación sacerdotal: Lérida, 19 de septiembre de 1925
Defunción: Salamanca, 24 de abril de 1973
Leandro nació en Bernuy de Zapardiel, un pequeño pueblo de la provincia de Ávila, el 27 de noviembre de 1893. Era pequeño de estatura, tranquilo, callado y muy responsable. En su pueblo cursó las primeras letras y pasó después a los aspirantados de Carabanchel Alto, Campello y Sarrià. Hizo el noviciado en Carabanchel y allí profesó el 25 de julio de 1919. Después de hacer sus estudios de filosofía y teología, fue ordenado sacerdote en Lérida el día 19 de septiembre de 1925.
Los primeros años de sacerdocio los pasó en Valencia, siendo encargado, entre otros asuntos, de los cooperadores. En 1927 pasó a las misiones de la India, a las órdenes y bajo la sabia dirección de monseñor Matthias y monseñor Bars, figuras próceres de la obra salesiana en aquel continente y de la Iglesia evangelizadora. El primer año fue destinado a Shillong, una escuela profesional, para que se fuera ambientando a la nueva situación. Pasó después a la misión de Krishnagar. Se trataba de una misión nueva, difícil por su clima tórrido y húmedo, su lengua enrevesada y una población entre hindú y musulmana, con muchos prejuicios religiosos y dura de convertir. Trabajó con tesón y más por la fuerza de la caridad, que por la de su palabra, logró realizar un trabajo eclesialmente eficaz. Debido a su precaria salud, fue destinado a la misión del Assam, a las comunidades de Ramabondo y Berhampore.
Volvió de las misiones en 1949, consumido por el trabajo y las penalidades, sobre todo de la vista. Los años siguientes los pasó en Carabanchel, Arévalo y sobre todo, en Salamanca, como confesor en el teologado. Siempre estaba dispuesto a ejercer este ministerio, entre los teólogos o en cualquier otra parte a que se le llamase: el colegio de Pizarrales, las monjas, el Sanatorio de los Montalvos. La confesión, el rezo y los sufrimientos inherentes a los años y a su salud fueron su apostolado final.
Murió en Salamanca el 24 de abril de 1973, a los 79 años de edad. Las misiones le habían imprimido carácter y continuó siendo misionero siempre, incluso en su tenor de vida austera. Murió como vivió: despojado de todo. El patrimonio que dejó lo formaban los tomos usados del breviario, la libreta de apuntes del noviciado, el celebret —firmado por don Rinaldi—, y la cartilla del licenciamiento del servicio militar.