Eduardo Benot Rodríguez
Sacerdote (1931-1990)
Nacimiento: Santa Cruz de Tenerife, 24 de abril de 1931
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1950
Ordenación sacerdotal: Córdoba, 24 de junio de 1960
Defunción: Alcalá de Guadaíra (Sevilla), 9 de febrero de 1990
Eduardo nace en Santa Cruz de Tenerife. Siendo aún niño, sus padres, Eduardo y María del Carmen, se trasladan a Cádiz. Fue alumno de los hermanos maristas, pero el estilo alegre del oratorio festivo salesiano que frecuentaba por las tardes, las veladas y los ensayos de banda del maestro Pagés, movieron su curiosidad y sus cualidades artísticas. Suspendido en los exámenes de septiembre, su padre lo matriculó interno en el colegio salesiano de la Santísima Trinidad de Sevilla. Allí se encontró a gusto y en 1945 ingresó en el aspirantado de Antequera y Montilla (1945-1949).
En 1949, a las puertas del noviciado, tuvo que defender su vocación ante circunstancias familiares adversas y difíciles, pero pudo, al fin, ver colmados sus deseos de ser salesiano, profesando el 16 de agosto de 1950. Cursó sus estudios filosóficos en Ntra. Sra. de la Consolación de Utrera, en cuyo ambiente empezó a destacar su vis cómica. Jerez-oratorio y Utrera-externado se repartieron los años de su trienio.
En Posadas estudia la teología, al mismo tiempo que se entrega al oratorio festivo. En verano, en La Línea de la Concepción, fue conocido entre los jóvenes gitanos y pescadores como el «cura que hace el mono», a modo de reclamo para dar a conocer a los salesianos en aquel ambiente popular. Culmina sus estudios teológicos el 24 de junio de 1960 con la ordenación sacerdotal y, al día siguiente, en la primera misa solemne, el predicador, don Ernesto Núñez, proclamó a Eduardo como el clown del Espíritu Santo.
Tras estrenar el ministerio sacerdotal, durante un año, como catequista de los aspirantes en Utrera-Consolación, y por otro, en Sevilla-Hogar de San Fernando, prodigará su labor sacerdotal en el triángulo Carmona, Utrera externado y Alcalá de Guadaíra, con el paréntesis de los años en Huelva.
En Carmona, Eduardo dio todo un recital de lo que significa el trabajo pastoral de estilo popular salesiano con los jóvenes. Desde el teatro hasta los famosos combates de boxeo, fueron medios pastorales, criticados por algunos y por otros justificados. Hasta el Sr. Alcalde salió en su defensa: «En Carmona, a don Eduardo, el cura, se le perdona todo».
En Utrera-externado, pasa otros nueve años, como profesor de religión y animador de COU, donde dejó huella tan honda en niños, jóvenes y adultos que, cambiado a Huelva en 1980, fue requerido por el ayuntamiento utrerano como Rey Mago para la Cabalgata de la Ilusión.
Alcalá de Guadaíra para Eduardo significó la madurez, además de su última estación (1982-1991). El cambio a Alcalá no fue de su pleno agrado, después de haber dejado en Carmona, en Utrera, en Huelva… familias y jóvenes que lo apreciaban de veras, pero se percató de que también los alcalareños lo aceptaron de inmediato.
Eduardo fue un gran salesiano, un animador oratoriano y festivo, lleno de amor a la Congregación, a María Auxiliadora, su devoción predilecta, y a Don Bosco, con una piedad sencilla, confiada y popular.
Como artista, fue una persona original, tal vez irrepetible. Eduardo hizo reír a cuantos más lo necesitaban. Fue un juglar de Dios.
Buen compañero y amigo alegre, supo crear ambiente y clima de familia. No es de extrañar que la eucaristía de corpore insepulto debiera celebrarse en el patio debido al gentío asistente, que haría exclamar a los familiares de Eduardo: «¡Jamás podíamos imaginar que quisieran tanto a nuestro hermano!».