Martín Gómez, Antonio

Antonio Martín Gómez

Sacerdote (1912-1990)

Nacimiento: Pampliega (Burgos), 28 de enero de 1912
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 15 de abril de 1928
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 23 de diciembre de 1939
Defunción: La Coruña, 4 de febrero de 1990

Nació en Pampliega (Burgos) el 28 de enero de 1912. Cuando apenas tenía 5 años, en tan solo una semana, perdió a sus padres Florentino e Isabel, quedando cuatro hermanos huérfanos, de los que el más pequeño, Julio, llegaría a ser misionero salesiano en la India. Un tío suyo carpintero quiso hacer de Antonio un artesano de la madera, pero Dios tenía otros planes.

A los 10 años fue a Burgos y allí conoció por casualidad a un sacerdote, don Valentín Palencia, cuando acompañaba a niños y jóvenes en una excursión. Este buen sacerdote lo llevó a Barakaldo y lo presentó al director del colegio salesiano, don Pedro Olivazzo, quien lo aceptó y lo envió a continuar sus estudios a los colegios de Béjar y Astudillo. En 1927 entró en el noviciado de Carabanchel Alto y allí hizo su profesión el 15 de abril de 1928.

En Madrid hizo también filosofía y fue enviado a hacer el trienio a Astudillo. Al finalizar el trienio, viajó a Italia para completar su formación, pero en 1935, por motivos de salud, se vio obligado a retornar a Carabanchel Alto para finalizar el último año de teología.

Estando en Madrid, le sorprendió la Guerra Civil. Fue detenido el 14 de septiembre e ingresó en la cárcel Modelo, donde se encontró con otros salesianos. Poco tiempo después fue trasladado a la cárcel de las Las Ventas. Hubo de soportar muchos dolores y sufrimientos, pero siempre mantuvo la esperanza de llegar a ser sacerdote y ofrecer su primera misa por sus perseguidores. Terminada la guerra, el 23 de diciembre de 1939 fue ordenado sacerdote en Salamanca.

A partir de 1939 comenzó una larga trayectoria apostólica, durante la cual destacó por su ejemplaridad sacerdotal y la regularidad en los cargos que desempeñó. Tras su paso por Salamanca como profesor y ayudante de administración (1939-1943), la obediencia lo destinó a Astudillo y a Orense de administrador; a Vigo-San Matías como catequista; de nuevo marcha a Orense, a Vigo y, por último, en el año 1976, a la casa de La Coruña-Calvo Sotelo en calidad de confesor, actividad apostólica que desempeñó hasta el mismo día de su muerte.

Quienes convivieron con él fueron testigos de su celo sacerdotal y religioso, pese a las dolencias que arrastraba y los sobresaltos cardiovasculares que poco a poco fueron minando su salud.

Aferrado a su fe, testimoniada en momentos de persecución religiosa, sufrió con cierto dolor las tensiones del postconcilio y la ventolera de los extremismos, mientras procuraba abrirse a los cambios y novedades de los nuevos tiempos.

Se podría definir a don Antonio como hombre bueno, sencillo, siempre dispuesto a perdonar, afectuoso y sensible, cariñoso, amable y agradecido.

En la última etapa de su vida fue víctima de frecuentes deficiencias cardíacas y faltas de riego sanguíneo. Hacia el mediodía del domingo día 4 de febrero de 1990, fue encontrado cadáver, con los ojos cerrados, como si de un sueño se tratase, gozando ya la paz de los santos en los brazos de Dios. Tenía 78 años de edad.